Por Jean Pierre Maraví Coppa

La Navidad llega cuando el ruido del fútbol se apaga. Con el torneo ya en el retrovisor, los futbolistas dejan por unos días el calendario, la tabla y la urgencia del resultado para volver a lo esencial. Es tiempo de balances personales, de encuentros postergados y de silencios que dicen más que cualquier conferencia de prensa. Para algunos, la fecha tiene sabor a alivio; para otros, a reflexión. En ese espacio íntimo, lejos del estadio y del aplauso, la Navidad se convierte en una pausa necesaria para mirarse hacia adentro y preguntarse qué significó el año que se va y qué esperan del que viene.

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