Por Franz Tamayo Medina

El 24 de septiembre de 1995, el destino de Gianfranco Hereña quedó marcado para siempre. En ese día mágico, Sporting Cristal ingresó a su vida, encendiendo una llama que jamás se apagaría. La reinauguración del Estadio Alberto Gallardo, antes conocido como San Martín de Porres, fue el escenario perfecto para el génesis de este romance eterno. Antes del contundente 6-0 a Cienciano, Gianfranco tuvo la fortuna de pisar el césped, el cual considera su hábitat natural, de la mano de una leyenda rimense: Júlio César de Andrade Moura, o simplemente “Julinho”. Casi 29 años después, ese primer guiño se consolida en su primera obra literaria. Un homenaje a su amor incondicional por los colores celestes, un sentimiento que cada vez se vuelve más intenso y desafía cualquier explicación.

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