Por Pedro Ortiz Bisso

Hace dos años, Erick Noriega se ganaba la vida cargando cajas en la empresa de transportes de su tío y por las tardes fungía de profesor de vóley en una academia. Se había probado en la reserva de Alianza Lima sin éxito y aunque consiguió ser fichado por un club alemán de tercera división, en la embajada le negaron la visa de trabajo. El pesimismo resonó en su cabeza. “Tal vez el fútbol no es para mí”, pensó. Un providencial llamado desde la San Martín cambió su vida. En el 2024, Comerciantes Unidos se fijó en él y a los pocos meses se probaba la blanquiazul por primera vez.

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