"Manuel Burga nunca más en la FPF", por Horacio Zimmermann
"Manuel Burga nunca más en la FPF", por Horacio Zimmermann
Redacción EC

Tres días restan apenas para que se desarrollen las elecciones presidenciales a la Federación Peruana de Fútbol (FPF) y el abogado , actual mandamás, confirmó que se lanzará por su cuarto mandato consecutivo. Lo cuestionable es que ya lleva doce años al frente de la FPF y quiere completar 16 años en el sillón de la Videna. Su costumbre es oficializar su candidatura tres días antes de los comicios, con lo cual los electores (25 departamentales y 16 clubes profesionales) tienen poco tiempo para realizar cualquier impugnación. Pero eso no es lo peor de todo. Hay otras cuatro razones por las que Burga no debería postular:

POR FALTA DE UN PROYECTO SÓLIDO PARA EL FÚTBOL PERUANO. En doce años sentado en el sillón presidencial de la FPF,  ha sido incapaz de crear, desarrollar y fomentar un proyecto que incremente la rentabilidad y competitividad del fútbol peruano. Que nuestros clubes y selecciones –salvo contadas excepciones– no hayan logrado importantes resultados deportivos a nivel internacional no es producto de la mala suerte, tampoco del azar, sino de una inadecuada estructura de trabajo para el desarrollo del balompié en el país.

El día que Burga asumió por primera vez la presidencia de la FPF dijo: “Mi herencia será dejar instituciones sólidas”.  Hoy, sin embargo, la estructura de Burga cuenta con los dos clubes grandes quebrados y en Indecopi (Universitario). Además, tiene un campeonato irregular en el que la característica principal es la informalidad; un fútbol en el que la violencia es un hecho latente en los estadios y alrededores, y en el que el sistema de justicia deja mucho que desear. Si el público no asiste a los estadios es porque percibe un producto que no satisface las expectativas debido a su baja calidad. Año tras año el torneo cambia de sistema y el abogado solo da el OK. Poco importa si es viable o no para mejorar la competencia.

Burga, por lo tanto, y si bien no es el único culpable, sí es responsable de no haber siquiera recuperado un torneo que está en coma. No se recuerda ninguna idea útil o sólida para mejorar la Primera División, la Segunda y la Copa Perú. ¿Y qué dice Burga de todo esto? “Nuestra gran deuda es institucionalizar el fútbol peruano”, afirmó hace dos años en Montevideo. Pareciera no darse cuenta de que ya lleva más de diez al mando de la FPF.

POR UN TRABAJO INEFICIENTE EN MENORES. El mal trabajo en menores se debe a dos características nunca saneadas: A) El reducido desarrollo a nivel de las divisiones menores de los clubes. B) La falta de una estructura de competencia para fomentar las etapas de formación de los futbolistas. Los clubes no tienen divisiones menores. Y si las tienen, el método utilizado para la formación no es el adecuado. Porque formación no solo es darle una pelota a un niño. También es guiarlo, educarlo, etc. Uno de los problemas de los más jóvenes es que carecen de partidos difíciles. La mayoría son de trámite (Cristal golea a sus rivales con cinco goles de diferencia). Menciono esto porque impide tener competitividad de buen nivel.

Ojo, no se trata solo de los clubes de Primera División. Hoy todos los equipos –sin excepción– que aspiran a llegar a la máxima categoría deberían contar por obligación de la FPF siquiera con una adecuada estructura de divisiones menores, sean clubes de Segunda División o de Copa Perú. Pero eso no sucede. ¿Por qué? Que responda Burga, quien –al mando de su ‘federación de primer mundo’- también ha sido incapaz de estructurar un buen sistema de campeonatos oficiales para todas las categorías desde la formación hasta el debut profesional. En el país los chicos debutan en la profesional con 100 partidos disputados a cuestas, mientras que en Argentina, Brasil y, sin ir muy lejos, en Chile, lo hacen con más de 500. ¿Nota la diferencia?

Sí, Burga infla el pecho cuando vemos que la Sub 17 clasifica al Mundial o la Sub 15 gana el Sudamericano. No obstante, y si bien el resultado es meritorio, el método sigue estando equivocado. ¿Por qué? Porque ss una muestra clara de la pésima gestión que se hace con los jóvenes talento. Eso demuestra que tenemos materia prima, pero trabajo nulo a hora de repotenciar categorías, individualidades, esfuerzos para desarrollo de un plan, etc. Y vimos en qué lugar está Manco. No hace falta otro ejemplo.Burga, además, nunca ha impuesto a los clubes la obligación de tener centros de rendimiento con profesores de fútbol y entrenadores juveniles mejor preparados en condiciones de trabajo óptimas. 

POR DARLE PODER A GENTE QUE POCO HA CONTRIBUIDO CON EL FÚTBOL PERUANO. En más de una década al frente de la federación, Burga se ha caracterizado por entregarle poder a personajes que han contribuido poco en la mejoría de nuestro fútbol. El último ejemplo lo protagonizó su comisión de menores de la Videna, comandada en ese entonces por Yván Vásquez, presidente regional de Iquitos y mandamás del CNI, un equipo cuyo trabajo en menores es inexistente y que ahora está libre aunque investigado por presuntos delitos de corrupción. El vicepresidente era Alfredo Britto Mayer, jefe de la Liga Departamental de La Libertad, campeonato en el que cada cierto tiempo se observan batallas campales o intentos de linchamiento a los árbitros.

¿Por qué estos señores, entonces, son nombrados a dedo por Burga como representantes de la comisión de menores? Es claro que Burga los necesita contentos, no peleados con él, y si para eso requiere darles poder, pues no le tiembla la mano. Al contrario, lo hace sin problemas. Total, son los representantes de las departamentales los que votan por él (25 en total). Burga es amigo de los CNI y de los Melgar (que también está en Indecopi) y tiene diferencias con San Martín y Cristal, que son los clubes más serios del país. Es por eso, finalmente, que reinan los equipitos de barrio y no las instituciones serias.

Pero lo de darle poder a sus ‘amigos’ no es cosa solo del presente. Antes también sucedió cuando la selección mayor tuvo una comisión de mayores con personajes como Juvenal Silva, Julio Velásquez Giacarini y hasta José Malqui, entre otros. Los clubes de todos estos señores hoy están casi desaparecidos. ¿Qué hicieron o hacen todos estos señores por el bien del fútbol peruano? Mientras Burga continúe en la federación la informalidad es pan de cada día.

POR FALTA DE UN NORTE PARA LAS SELECCIONES. Por la Videna han desfilado técnicos como Pacho Maturana, Julio César Uribe, Franco Navarro, Freddy Ternero, , Sergio Markarián y Pablo Bengoechea para la selección adulta; y ‘Chalaca’ Gonzales, Julio García, José Luis Pavoni, ‘Tito’ Chumpitaz, Gustavo Ferrín, Daniel Ahmed y Víctor Rivera en la Sub-20, por citar dos ejemplos en selecciones peruanas. Todos, absolutamente todos, con ideas diferentes sobre lo que significa el fútbol.

Burga ha colocado desde técnicos exitosos hasta técnicos de moda en el banco de la mayor. Sin embargo, nunca se le ocurrió –y si es así nunca lo ejecutó– crear una Dirección Técnica de Selecciones. Mientras esta no exista, la Sub-20 jugará de una manera, la mayor de otra, y la sub-15 de otra, y la sub-18 de otra. ¿De qué sirve tener una buena generación si la FPF no tiene un rumbo definido para sus selecciones? Basta recordar lo que pasó con la Sub 17 de Jota Jota Oré, que fue al Mundial con Reimond Manco como figura indiscutible. ¿Qué pasó? Burga dejó a esta generación a su suerte y nunca le propuso a Oré –el más indicado– ni a nadie continuar con este proceso a largo plazo bajo una metodología idónea. Ahora ya sabemos en qué lugar está cada uno de esos jugadores.

En algún momento el mandamás de la Videna pensó en  para este cargo, en el 2010; no obstante, declinó inmediatamente después. ¿Por qué? Debe ser Burga quien responda y dé un argumento sólido. Doce años y hemos tenido selecciones con rumbos diferentes por única decisión suya y de sus comisiones, todas con resultados deportivos pobres. Mientras no exista una Dirección Técnica de Selecciones el rumbo seguirá siendo incierto y el trabajo se resumirá a lo que cada entrenador proponga durante su corta estadía –como es costumbre– en la Videna.