Nací en Chincha hace 37 años. Tras jugar por Cristal me fui al extranjero en 1999, de donde volví 14 años después. He jugado en equipos de Bélgica, Francia, Rusia, Ucrania, Turquía, Rumanía, México y Estados Unidos. Y así como me forjé una posición económica, traje al mundo a mis cuatro hijos, que son la razón de mi vida: Andrés Desailly (16), Patrick (14), Anoska (5) y Andrea (4), que son mexicanos. Jugué al lado de grandes cracks como los franceses Ribéry, Nasri y Barthez. Y en el San Siro, con un gol mío, le ganamos al Milan de Maldini y Pirlo, en ese entonces campeón de la Champions.

Zurdo es Cueto, Maradona y lo fue Leonardo da Vinci. También lo es Obama, Messi y Bill Gates. A  su botín zurdo le permitió jugar en Bélgica, Ucrania y Turquía. Pero en aquel partido contra Ecuador, por patear con la zurda un tiro que era para la derecha, se convirtió en la piñata del fútbol peruano.

—De todas las experiencias en clubes del extranjero, ¿cuál es la que más te marcó?

 Brujas. Ahí se me abrió la puerta europea. Jugué 5 años, salí campeón y conquisté dos veces la Copa Belga y jugué la Champions.

— Jugaste en Ucrania, en el Metalurg Donetsk. ¿Tienes idea de la situación política en Donetsk?

 En Ucrania jugué dos años en total. Conocí y jugué al lado de Yaya Touré y Jordi Cruyff, el hijo de Johan. Hubo una buena amistad. Salí goleador y llegamos a la UEFA. De la situación política siempre sentí la sensación tensa en las fronteras, como la de años atrás entre el Perú y Ecuador.

—Ecuador, justo donde en un amistoso Sub 23 en Machala, en el 2000, te acusaron de no cantar el himno nacional por no saber su letra…

[Risas] ¡Cómo no voy a saber su letra! Lo que sucede es que para mí, más que el himno, me interesaba ganar a toda costa. Nunca me gustó perder.

— ¿Cuál es el entrenador que más tienes presente?

El de Brujas ese año que me dio mucha confianza. Era noruego. El de Marsella, que no recuerdo su nombre pero que hablaba español. Igual en México tuve a Luis Tena. Y por acá a Juan Carlos Oblitas, Franco Navarro y Sergio Markarián.

— ¿Crees que la afición peruana ha sido injusta contigo?

Quizás por ese gol que fallé ante Ecuador y también por un comentario en broma que le hice al doctor Ramón Aparicio [“Yo hago goles donde me pagan”], que un periodista escuchó y lo difundió.

— ¿Fuiste víctima de racismo?

 No. Nunca tuve problemas.

—Si el gol que fallaste contra Ecuador lo erraba un jugador blanco, ¿le hubieran hecho tanto ‘bullying’?

Aquí en el Perú la gente es jodida. Todo lo ve mal. Ese gol que me fallé no era decisivo como para clasificar a un Mundial. Faltaba mucho que recorrer en esas Eliminatorias con Autuori de entrenador.

— ¿Sueñas con ese gol fallado?

No está en mi mente eso. No lo soñé porque después me fui a Europa.

—Recuerdo que el periodista Jorge Salazar decía que lo tuyo era timidez y el no saber comunicarte...

El señor Salazar no se equivocó. Yo era muy tímido, me sentía corto pero después gané experiencia.

— ¿No crees que los problemas extradeportivos que tuviste fueron también responsabilidad tuya?

La verdad eso ya fue. Son cosas que de repente pasan en todos los equipos, en todas las selecciones y yo pienso que ya pagué mis culpas. No me marcó mucho.

— ¿Cuál fue tu participación en el escándalo de Los Inkas? ¿Metiste mujeres? ¿Cómo quedó tu relación con Chemo después de esto?

A estas alturas considero que lo que pasó esa noche en el hotel quedó en palabras y actos en los que estuvimos implicados algunos jugadores. Nada más. Chemo era el responsable de todo y, como un personaje al que siempre admiré, entiendo que tomó la decisión más correcta.

— ¿De qué te arrepientes?

Por ahí que en estos momentos no esté jugando. Es más, quiero jugar, me siento con todas las ganas de salir a la cancha y decir que hay todavía ‘Cóndor’ para rato y que puede seguir volando muy alto. Después no me arrepiento de nada porque donde he ido, me fue bien, nunca me faltó nada y eso me deja tranquilo.

— ¿Por qué quieres seguir jugando? ¿Es cuestión de plata?

No. No es cuestión de plata. Jugué en muchos equipos, en varios países y guarde pan para mayo, como se dice. Lo que pasa es que quiero jugar porque me siento en plenas facultades de hacerlo. Veo por la TV los partidos de Primera División y hay jugadores que no pueden ser mejores que yo. Está jugando Cantoro, que no es el mismo de antes pero le queda calidad, pero veo a otros ¡ufff! Lo que yo quiero es retirarme bien.

— ¿O será que detrás está tu temor a no saber qué hacer?

Estoy tranquilo, tengo mi peso ideal y, en realidad, no puedo estar quieto si no estoy en actividad. Mi día normal era entrenar antes en Coopsol, diariamente asisto al gimnasio. Y entreno con La Peña de los Jueves. —¿Tienes algún plan de vida? No. Te repito que me siento en capacidad de seguir jugando y eso me causa un poco de angustia. También quiero abrir una escuela de fútbol para los niños pobres en Chincha.

— ¿Encuentras placer en el fútbol?

Claro. Cuando juego disfruto, siempre alegre.

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