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OPINIÓN: "Alianza no respalda a Roverano", por Elkin Sotelo

La crisis de resultados de Alianza Lima radica en una discreta gestión de su directiva por potenciar el comando técnico

OPINIÓN: Alianza no respalda a Roverano, por Elkin Sotelo

OPINIÓN: Alianza no respalda a Roverano, por Elkin Sotelo

Sí claro, "Gustavo Roverano es nuestro entrenador por todo el 2015 en Alianza Lima". En otro escenario esto tendría un significado peligroso para el entrenador porque en el mundo del fútbol -sobre todo en el Perú-, cuando un dirigente sale a respaldar a su técnico, es porque lo está cocinando a fuego lento.

Sin embargo, en esta ocasión, la frase dominguera del gerente Gustavo Zevallos tras un nuevo descalabro blanquiazul, tiene un sentido distinto; un carácter de poco compromiso. Cree que asegurar el contrato del uruguayo hasta diciembre es afirmar un manejo prolijo y que los resultados ya llegarán por el solo hecho de ser Alianza Lima.

Las características del comando técnico de Gustavo Roverano eran evidentes desde aquella racha positiva en el Torneo Apertura. Emocionalmente, el ex golero recuperó a muchos jugadores que se sentían desplazados por Guillermo Sanguinetti, identificó a los que carecían de confianza y los devolvió a un nivel medianamente competitivo. Obtuvo un fuerte espíritu de grupo en el momento más difícil del plantel y fue el ingrediente para dar pelea.

Más estaba claro que ese comando técnico tenía que ser potenciado para el resto del año en todos sus frentes; una mejor asistencia técnica para Roverano (Roberto Holsen es insuficiente), crecen dudas sobre el preparador físico Martín Quintero (se tendría que empezar a considerar a un staff físico mejor dotado que haga un seguimiento individual a cada jugador) porque en los últimos partidos Alianza deja la impresión de que es superado en velocidad y resistencia. ¿O se trata de indolencia de los jugadores?

¿Hay alguna explicación a tantos lesionados durante la temporada? Un vistazo simple arroja que solo en las últimas semanas estuvieron parados Mauro Guevgeozián, Willyan Mimbela, Luis Trujillo, Paulo Albarracín, Fernando Canales, Leao Butrón, Osnar Noronha y Carlos Preciado, por considerar solo a los principales.

Definitivamente hay relación directa entre este hecho y que Alianza no define desde hace casi un mes la formación de un cuerpo médico y terapéutico como debería existir en un club grande. Desde que se despidió al doctor Luis Parra por los entredichos con Mauro Guevgeozián y su lesión interminable, asumió como interino Víctor Mamani. Claramente entre el preparador físico y el médico de turno no dan resultados profesionales que alcancen para evitar tantos lesionados.

Y quizá la versión más negativa de la directiva blanquiazul es la poca capacidad de gestión y reacción para gestionar refuerzos para el plantel de Roverano. La zona defensiva sigue siendo la más vulnerable del equipo. En ella Marcos Miers es el punto visible y de menor rendimiento.

Una fuente comenta que antes que cerrara el libro de pases el uruguayo Walter Ibáñez insinuó su intención de regresar a Matute. El mismo jugador que había sido capitán del equipo y que pidió cerca de 26 mil dólares mensuales por renovar, ahora aceptaba ganar menos de 10,000; evidentemente menos que Miers. Cuentan que el Comité de Fútbol grone se acercó al paraguayo, quien pretendía cuatro meses de su sueldo como indemnización por ser despedido y la dirigencia solo ofrecía dos. La negociación no fue más efectiva y el club se quedó con Miers y sus actuaciones poco regulares.

No es que Roverano no tenga responsabilidad en los malos resultados de Alianza. De hecho, ha encontrado un techo que se acentúa por la falta de apoyo a su trabajo. Tiene problemas para hacer cambios porque no cuenta con más elementos; improvisa a Pablo Míguez como un falso 10, a Juan Diego Li como lateral izquierdo y todo porque el plantel le quedó corto. Pero tampoco ha sido capaz de provocar reacción y vergüenza en sus jugadores para sacar un plus de sacrificio. No ha tenido un liderazgo revolucionario sostenido.

Gustavo Roverano, Gustavo Zevallos y el administrador Christian Bustos debieron exponer un discurso más honesto cuando asumieron: no hay dinero para margen de negociación con refuerzos interesantes, están resignados a que el 2015 no tenga éxito deportivo (adiós título nacional) y que la prioridad sea la reactivación económica del club a partir de productos de marketing o parecidos (¿será posible que lo crean así?). Pero en la cuestión futbolística del primer equipo el aporte ha sido escaso, mínimo, nulo. Y eso que queda pendiente el tema del olvido en que cayeron las divisiones menores blanquiazules.     

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