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“Pizarro no debe ir, pero...”, por Mario Fernández

Una cosa es no ver al jugador del Colonia con chances en esta selección y otra hacerlo responsable de dos décadas de frustraciones

Una cosa es no ver al jugador del Colonia con chances en esta selección y otra hacerlo responsable de dos décadas de frustraciones

Una cosa es no ver al jugador del Colonia con chances en esta selección y otra hacerlo responsable de dos décadas de frustraciones. (Foto: AFP)

Empezaré diciendo que no deseo que Pizarro vaya al Mundial. Pienso así porque he seguido su desempeño en la liga alemana y lo veo inferior en rendimiento a Guerrero, Farfán y Ruidíaz. La razón deportiva, me parece, debería ser suficiente para no tomarlo en cuenta en la lista final.

El problema es que no solo se dice eso, sino que hay una argumentación que supera lo deportivo y lo coloca como una suerte de mala influencia para el grupo, o -si se quieren- como un capitán que no ejerció y perjudicó muchísimo a la selección. Y como los tiempos entre su salida -marzo del 2016- y el repunte de Perú coinciden, sus más duros críticos han encontrado la base perfecta para afirmar que si no fuimos a los Mundiales pasados es por su responsabilidad.

Sospecho que se exagera el rol de Pizarro como foco negativo y, aunque es incomprobable, pienso que también con él en el plantel se habría podido vivir este momento. De Farfán se decía que era igual de pernicioso y ahora lo vemos tan adaptado al grupo que pareciera que nunca faltó. También recuerdo que ya en la selección de Gareca Pizarro jugó durante la temporada del 2015 y fue tercero en Sudamérica. ¿Cómo hizo en ese torneo para no perjudicar al grupo con liderazgo "negativo" que se describen en por lo menos dos libros? ¿Fue buen capitán en ese torneo y en los otros no? ¿Se exagera su influencia en el clima de la interna?

No he sido ni soy pizarrista, pero creo que lo que hizo Gareca en la recta final de las Eliminatorias fue hallar el equipo a partir de un solo '9' (no dos como en el tiempo de Markarián). Es decir, la clave no era borrar a Pizarro del plantel sino sentarlo para posibilitar un Guerrero más suelto, de modo tal que pasemos del 4--4-2 de Sergio a un 4-2-3-1 con el que jugamos la recta final. Encontrar el equipo en aquella Copa Centenario liberó a otros jugadores (Trauco, Tapia, Flores...) y se creó un clima muy favorable que -en prensa deportiva- potenció los elogios y exagero algunos méritos.

Que hoy Gareca parezca Chopra, Paolo un capitán ejemplar y Cueva el caso ideal del pelotero revivido es todo porque se ganó. Porque estamos en la buena y "al ganador siempre se le encuentran razones" (El Veco). En caso de derrota deportiva, no dude que el Tigre parecería un parrillero demasiado pasivo; el Depredador, un niñito histérico que le protesta a los árbitros; y Cuevita sería... otro Manco.

Fatalmente es así de cruel y así de duro. Como Pizarro no vivió la época buena de las Eliminatorias se dicen de él incendios en el lado no deportivo, pero no es tan así. Al menos, creo que ya se le demoniza injustamente. Una cosa es no verlo con chances en esta selección y otra es hacerlo responsable de dos décadas de frustraciones.

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