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"La primera clase de Kevin Quevedo", por Pedro Canelo

Para su oportuno crecimiento y consolidación, el jugador de Alianza Lima tiene en Pablo Bengoechea al mejor 'Profesor'

La primera clase de Kevin Quevedo, por Pedro Canelo

La primera clase de Kevin Quevedo, por Pedro Canelo

En el muro de Facebook de Willy Quevedo no hay fotos de su hijo Kevin posando en su primer día de colegio. En ese espacio virtual, ayer solo se podían leer emotivos agradecimientos por este primer día de clases que vimos el domingo en el césped del Alejandro Villanueva, con cuatro goles fabricados en serie. Kevin Quevedo ya no está en edad escolar, sin embargo, vive el mejor momento para sentarse a escuchar las enseñanzas de un ‘Profesor’. Ese docente del balompié tiene voz pausada, un acento entre uruguayo y español, y una debilidad por dar recomendaciones a tiempo completo. Se llama Pablo Bengoechea, su técnico en Alianza Lima, quien ya borró de su pizarra todos los tantos ante Juan Aurich y todas las portadas de los diarios impresos y digitales. Primera lección: no importa todo lo que hagas, todo lo que digan, la única convicción en cada nuevo día es comenzar de cero.

Kevin Quevedo: la promesa que dejó escapar la Universitario y brilla en Alianza

Es difícil proyectarse al final de temporada, donde se podrá evaluar con certezas qué tan positiva fue la llegada de Bengoechea a Alianza Lima. Las urgencias de resultados y títulos en La Victoria determinan que el balance se medirá por si los íntimos logran el campeonato nacional en diciembre. Lo único que sí se puede afirmar por ahora es que el ‘Profesor’ le hace bien a jugadores como Quevedo. En su segundo año como profesional (debutó con la ‘U’ el año pasado), Kevin Quevedo se ha encontrado con los goles rápidos, con las portadas fáciles, pero también con un entorno inteligente que no confunde un abrazo que protege con el ‘apapacho’ para el ídolo que todavía no es.
Cerca de Kevin no solo está su padre Willy, un cumplidor ex volante de Municipal y Deportivo Sipesa en los noventa, que conoce lo bueno, lo malo y lo feo del balompié, sino también un entrenador como Bengoechea, quien ya le recitó en público su primer mandamiento: santificarás las fiestas (no saldrás). Dijo el uruguayo con espontánea sabiduría: “Después de haber metido cuatro goles, Kevin Quevedo tiene que hacer lo mismo: ducharse, ir a casa, saludar a sus padres y exactamente todo lo que hace en un día normal. No puede tener 50 amigos más esta noche”.

Podemos pedir mesura a la prensa deportiva con los elogios, podemos sugerirles a los hinchas blanquiazules que no traten a Kevin como si fuera un finalista de la Champions; lo que no podemos es tener un alcance real sobre cómo lo va a cuidar su entorno. En el caso de Quevedo hay buenos síntomas: familia emprendedora, un entrenador líder y una dirigencia que más allá de cualquier desacierto tiene un plan de modificar el perfil del jugador profesional de Alianza Lima.

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“Jugadores como Aguiar le hacen bien al plantel. Tiene otro tipo de compromiso”, me comentó hace dos semanas Gustavo Zevallos, gerente blanquiazul. En la última purga de futbolistas fueron factores decisivos el rendimiento y el comportamiento. En La Victoria ya no quieren futbolistas que antepongan el nuevo ‘look’, la música a alto volumen y que después de jugar los domingos se pongan de acuerdo para irse a bailar a alguna discoteca barranquina. 

No es la primera vez que un joven aliancista entusiasma tanto a la gente. Tuvimos en portadas a jugadores como Alexander Sánchez, Junior Viza y el caso más emblemático: Reimond Orangel Manco Albarracín. A estas alturas aún es pretencioso encontrar un solo motivo que haya impedido que estos futbolistas no hayan alzado el vuelo que esperábamos con un optimismo embriagante. Quizá con un mejor entorno los caminos hayan tomado un rumbo más despejado. Manco, por ejemplo, cuando tenía 18 años se iba a almorzar a las cebicherías más cercanas con futbolistas treintañeros que alguna vez fueron castigados por indisciplinas, y cuando era convocado a selecciones juveniles alguna vez le tocó técnicos que disfrutaban inventando apodos ofensivos para los más introvertidos.

A Kevin Quevedo, en cambio, en su primer día de clases le ha tocado un buen ‘Profesor’. Cuando Bengoechea estuvo a cargo de esa selección peruana que empató en Bolivia en octubre del 2012, ya se asomaba como un docente con autoridad. En ocho meses, Bengoechea será evaluado por si hubo vuelta olímpica o no. Ojalá que se valore otras de las muchas funciones importantes del uruguayo: cuidar los años maravillosos de Kevin.

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