Por Miguel Villegas

Fue todo lo que podía ser un futbolista adolescente que cumplió años, pero nunca envejecía: pistero, calichín, profesional, seleccionado, entrenador, columnista, ácido, renegón, papá, abuelo, símbolo, actor de Risas y Salsa, ídolo, gigantografía, bandera. Le faltaba ser inmortal, hasta que la noche del martes, tras una penosa y larga enfermedad, hizo también ese check.

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