Por Carlos Lázaro

Un partido para el olvido, pero un resultado positivo. Las cosas que tiene el fútbol. Otra vez la irregularidad acaparó a Sporting Cristal como una especie de gripe que lo suele atacar cada cierto tiempo. No hubo equilibrio, esa palabra que repite a menudo Paulo Autuori. En la tanda de penales, el brasileño estaba en soledad al filo de la cancha. No celebró ni el decisivo penal de Cristiano Da Silva. Sí renegó con los disparos errados de Irven Ávila y de Christofer Gonzales. La hinchada respiró en las gradas. Soltó ese aire que tenía contenido por lo que significa definir una serie desde los doce pasos. En el césped, el plantel celebraba, pero Autuori, seguía sin ningún gesto de alegría.

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