Por Carlos Lázaro

Todos pueden meter goles, pero pocos pueden evitarlos. En el mundo del fútbol el gol es el momento de mayor éxtasis, pero el arquero es el único que lucha para evitar ese grito sagrado. Diego Enríquez convive con ese objetivo desde muy pequeño, cuando en la ciudad imperial ya mostraba sus habilidades, aquellas que ahora impresionan no solo a los seguidores de la Liga 1 sino a toda la región con sus grandes actuaciones con Sporting Cristal en la Copa Libertadores. En medio de una crisis deportiva e institucional, Enríquez es el ángel celeste, el guardián del conjunto rimense que ahora al mando del brasileño Paulo Autuori espera revertir ese mal momento.

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