Por Marco Quilca León

Durante 30 minutos y monedas, Sporting Cristal sostuvo la ilusión con argumentos. Orden, intención y una idea clara de juego. Pero en la Copa Libertadores -y más aún ante un rival como Palmeiras que vale 260 millones de dólares, según Transfermarkt, lo que equivale a 15 veces del valor del club celeste- eso rara vez alcanza si no se traduce en goles. El 2-0 en el Estadio Alejandro Villanueva deja más que un resultado adverso, instala una sensación conocida para el fútbol peruano en el plano internacional: la de competir, pero terminar cediendo ante la jerarquía.

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