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"Un título para Pablo", por Guillermo Oshiro

La apuesta por Zegarra es sentido común. Más que un premio para el técnico invicto es la recompensa para un profesional que forjó una carrera como todos pedimos dentro de la informalidad de nuestro fútbol

"Un título para Pablo", por Guillermo Oshiro

"Un título para Pablo", por Guillermo Oshiro

"Un título para Pablo", por Guillermo Oshiro

Pablo Zegarra necesitó tres triunfos y un empate (8 goles a favor y 3 en contra) para convencer a la directiva de Sporting Cristal de que su interinato fue una injusta prueba a la que debió ser sometido. Pero su esperada confirmación como técnico cervecero hasta diciembre del 2017 llegó para hacerle justicia, en el momento preciso y con un mensaje saludable: el duelo de esta noche ante Alianza Lima no tendrá injerencia en el futuro de su proyecto.

El anuncio del club cervecero de alguna forma corrige la incredulidad inicial de su propia directiva (de lo contrario no hubiesen esperado cuatro partidos para ofrecerle la confianza absoluta). La apuesta por Zegarra es sentido común. Más que un premio para el técnico invicto es la recompensa para un profesional que forjó una carrera como todos pedimos dentro de la informalidad de nuestro fútbol. Pablo se formó en las aulas del primer mundo futbolístico –en España– y pasó sus primeras pruebas con el Salamanca. Sin embargo, la desconfianza de nuestro medio con nuestros propios entrenadores lo obligó a hacer una nueva pasantía con la Reserva de Sporting Cristal. Ahí puso en práctica todos sus conocimientos formando no solo un equipo campeón y goleador, sino con una identidad de juego que cumplía todos los requisitos del famoso manual bajopontino: protagonista en todas las canchas, con la posesión de balón y presión alta como así lo exigen las cabezas cerveceras desde hace ya buen tiempo. Cuando en muchos clubes se seguía apostando por extranjeros de dudosa categoría y los nacionales de siempre, Zegarra tuvo que esperar para que su momento llegara.

No queremos decir con ello que Pablo es el nuevo Guardiola ni mucho menos que será campeón a fin de año. Lo que aplaudimos es que sus méritos se valoren y le ofrezcan la oportunidad de crecer a un profesional peruano con futuro. Así como se apuesta con facilidad por los extranjeros, ¿por qué no hacer lo mismo con nuestros entrenadores?

El año pasado Cristal se jugó todas sus fichas por Mariano Soso. ¿Cuál fue el mérito del argentino para dirigir en el Rímac? Una media temporada buena con Garcilaso y su pasado como asistente de Daniel Ahmed. ¿A un peruano lo hubiesen valorado de la misma forma? En La Florida dirán que Soso fue campeón, que su apuesta fue redonda. Y tienen razón. Lo que habría que preguntarse es cuántas veces se arriesga así por un nacional.

La realidad dice que el Cristal de Zegarra sigue invicto y ha mostrado grandes síntomas de mejoría respecto del equipo de Chemo del Solar. Es un once más compacto, mucho más seguro, con jugadores que tienen mayor determinación en la cancha. Ese aire fresco de un nuevo discurso desde el banco ha permitido que se vea una versión mejorada, con algunos retoques significativos y en la que Ray Sandoval es el símbolo de esta nueva propuesta. Un jugador apartado del plantel –por varias razones justificables– que fue recuperado para ser una pieza importante en este nuevo proceso.

No sabemos si Zegarra será capaz de llevar su equipo a un nuevo campeonato, pero al menos los directivos de Cristal le han dado el título de técnico a un profesional peruano que no merecía otro trato.

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