Por Marco Quilca León

En el fútbol, a veces, las historias no se rompen por una lesión ni por una mala tarde, sino por una cifra que no cuadra. Un decimal mal puesto, un porcentaje que no convence o un acuerdo que se diluye cuando parecía cerrado. Así le ocurrió a César Inga, hoy futbolista de Universitario de Deportes, cuyo salto a la Major League Soccer estuvo a punto de concretarse hasta que el negocio se desarmó en la última curva. Kansas City aparecía como destino, como promesa de crecimiento y vitrina internacional. Pero el fichaje se cayó y el volante se quedó en casa, en Ate, donde la ovación terminó siendo una forma de consuelo y, quizá, de impulso.

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