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Universitario, el motor social más grande del país: precio, promesas y cuándo se lanzará el proyecto para nuevos socios del Tricampeón
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Se llama Miguel Navarro, tiene una U tatuada en la pierna derecha -desde donde, dice, nació alguna vez algún golazo- y lo primero que hizo cuando supo que iba a ser papá de una niña fue comprar una armadura. Un chaleco antibalas. Un escudo para cualquiera de las guerras de su vida: su primera camiseta de la U. Lo he visto, cientos de veces en los últimos tres años, haciendo números, preguntando por refuerzos y convencido de que dentro de esa heterogénea masa societaria en estos 101 años de Universitario, polémica y distante, combativa, existe un grupo de fanáticos dispuestos a dar algo más que la cuota mensual en la tesorería. Nunca lo he escuchado decir que el club “es suyo”. Al contrario, cuando participa en foros y grupos de WhatsApp, cuando pisa la cancha, siempre sugiere que la U, esa U que masticó tierra casi una década “es de todos”.












