El fútbol tiene la extraña capacidad de detener el tiempo. De hacerlo retroceder incluso. Como si los años no pesaran cuando el corazón late al ritmo de una camiseta. Eso le ocurrió a Doña Zelmira, quien a sus 102 años convirtió toda una vida en una sola pasión: la de Universitario de Deportes. Y que, finalmente, vio cumplido uno de sus sueños más íntimos: conocer a Edison Flores.
El fútbol tiene la extraña capacidad de detener el tiempo. De hacerlo retroceder incluso. Como si los años no pesaran cuando el corazón late al ritmo de una camiseta. Eso le ocurrió a Doña Zelmira, quien a sus 102 años convirtió toda una vida en una sola pasión: la de Universitario de Deportes. Y que, finalmente, vio cumplido uno de sus sueños más íntimos: conocer a Edison Flores.
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La historia empezó cuando ella tenía apenas ocho años, en una plaza de Huamachuco, escuchando por radio los goles de Teodoro Fernández. Desde entonces, nunca dejó de ser hincha. Nunca cambió. Nunca dudó. Su amor por la ‘U’ creció con el paso de las décadas, acompañando generaciones, títulos y también silencios, siempre con la misma fidelidad intacta.
Con 102 años de vida, Doña Zelmira pidió un solo deseo: conocer a Edison Flores. “¡Hola, Orejitas! Gracias por dar tantas alegrías al hincha de la U”, dijo en un video que cruzó pantallas hasta llegar al delantero crema. Ese mensaje fue el punto de partida de una historia que el club convirtió en uno de los relatos más conmovedores de los últimos tiempos: el encuentro entre la hincha y su ídolo.
Flores llegó hasta su casa con regalos, pero sobre todo con tiempo. No hubo apuro ni distancia. Solo emoción. “¡Al fin te conozco!”, le dijo ella, con una sonrisa que resumía su fanatismo. Él, a su lado, entendía que no estaba frente a una hincha cualquiera, sino ante una vida entera dedicada a los colores que hoy defiende.
El encuentro fue breve, pero eterno. En ese instante, Universitario dejó de ser un equipo para convertirse en un puente entre épocas, historias y sueños. Doña Zelmira cerró un círculo que empezó en una radio antigua y terminó en un abrazo real.
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