Por Renato Cisneros

Con la clasificación al mundial de Rusia 2018, los hinchas peruanos aprendimos a ya no depender afectivamente de las postales decoloradas de Argentina 78 y España 82. Para las nuevas generaciones, Quiroga era un comentarista y Cubillas un embajador de la FIFA. Se necesitaba con urgencia casi clínica una victoria moderna y, con ella, el surgimiento de nuevos ídolos con chapa mundialista y la sensación de haber vuelto a una especie de paraíso perdido.

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