Por Miguel Villegas

Luego va a derrumbarse, sin cámaras. Pero antes, cuando alguien del comando técnico de la U grita que acabó en Ecuador y ninguna matemática los alcanza, Rodrigo Ureña sale disparado rumbo a la Centenario Alta donde están demasiado calientes unos tres mil hinchas pese a la ola polar anunciada en la TV argentina. Y Ureña salta y grita, aunque debería decir que se desahoga. Salta porque quiere llegar a dónde está su viejo, que partió hace un par de semanas y grita porque, se lo dirá a un par de compañeros en el vestuario, quiere que lo escuche.

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