Por Renato Cisneros

Así como en su momento saludé la existencia de ciertos programas de streaming con temática futbolera conducidos por ex jugadores (La Fe de Cuto, Enfocados, Los titulares de Puchungo), ahora me declaro consumidor habitual de Qué tal Cancha, el espacio que tiene Roberto Martínez desde hace tres meses en YouTube. ¿Qué lo diferencia de sus colegas? Pues, básicamente, el manejo de la conversación o, mejor dicho, la disposición a conversar. Mientras que Guadalupe, La Foquita, Guizasola y otros más discurren con facilidad hacia el chacoteo, poblando cada charla de carcajadas que casi siempre se agradecen, pero a veces no tanto, Martínez opta por lo contrario: dialoga. Hay risas y bromas, sí, pero no se busca el chongo por el chongo. Esa voluntad –hoy casi excéntrica– de dejar hablar al otro, de incitarlo a que cuente algo medianamente interesante, lejos de quitarle frescura al programa, le otorga fluidez.

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