Por Renato Cisneros

Al principio, me desconcertó saber que Jairo Vélez se iba a Alianza. ¿Cómo podía el volante ecuatoriano dejar al tricampeón –con la vitrina que le ofrecía para el 2026– e instalarse en el club íntimo, cuyo déficit deportivo ya era clamoroso incluso antes de perder la otra noche con Cristal? ¿Podía el factor económico justificar tamaña incoherencia? ¿Tan mal le pagaban en Ate?

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