Por Pedro Ortiz Bisso

En 1996, cuando se inició la construcción del Monumental, en la redacción de DT buscábamos el menor pretexto para hacer una visita a la obra. No era cuestión de hinchaje. Hasta el más furioso simpatizante aliancista quería ser testigo de la gestación del que, no dudábamos, sería el escenario deportivo más importante del país.

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