Por José Antonio Bragayrac

“Yo soy de la casa y me quiero quedar acá. Quiero ser el próximo (Jorge) Soto, el próximo (Carlos) Lobatón. Yo quiero ser ídolo en Cristal, quiero que una tribuna del Gallardo tenga mi nombre”, afirma Yoshimar Yotún con esa complicidad propia de quien delata en la voz y en los gestos que ama algo con locura. Es 8 de diciembre del 2023 y tras rumores de una posible partida a Universitario y un millonario interés de Alianza Lima, el mediocampista que creció pateando las ollas de su abuela porque no habían pelotas en casa, anunciaba la renovación por tres años más con su querido Sporting Cristal. Sonreía, mundialista y con la ilusión del campeonato, sin imaginar que cuatro meses después padecería el reto más difícil de su carrera: una lesión a la rodilla que decantó en una infección y 455 días de para.

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