Qué ver“Yo soy de la casa y me quiero quedar acá. Quiero ser el próximo (Jorge) Soto, el próximo (Carlos) Lobatón. Yo quiero ser ídolo en Cristal, quiero que una tribuna del Gallardo tenga mi nombre”, afirma Yoshimar Yotún con esa complicidad propia de quien delata en la voz y en los gestos que ama algo con locura. Es 8 de diciembre del 2023 y tras rumores de una posible partida a Universitario y un millonario interés de Alianza Lima, el mediocampista que creció pateando las ollas de su abuela porque no habían pelotas en casa, anunciaba la renovación por tres años más con su querido Sporting Cristal. Sonreía, mundialista y con la ilusión del campeonato, sin imaginar que cuatro meses después padecería el reto más difícil de su carrera: una lesión a la rodilla que decantó en una infección y 455 días de para.
“Yo soy de la casa y me quiero quedar acá. Quiero ser el próximo (Jorge) Soto, el próximo (Carlos) Lobatón. Yo quiero ser ídolo en Cristal, quiero que una tribuna del Gallardo tenga mi nombre”, afirma Yoshimar Yotún con esa complicidad propia de quien delata en la voz y en los gestos que ama algo con locura. Es 8 de diciembre del 2023 y tras rumores de una posible partida a Universitario y un millonario interés de Alianza Lima, el mediocampista que creció pateando las ollas de su abuela porque no habían pelotas en casa, anunciaba la renovación por tres años más con su querido Sporting Cristal. Sonreía, mundialista y con la ilusión del campeonato, sin imaginar que cuatro meses después padecería el reto más difícil de su carrera: una lesión a la rodilla que decantó en una infección y 455 días de para.
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En total fueron 15 meses los que le costó volver al fútbol profesional a Yoshi. Fue hace siete meses, en junio del 2025 que -tras una larga rehabilitación y lucha personal-, el capitán volvió a un campo de juego. La carga emocional de ese momento terminaría por quebrarlo: lágrimas, mocos a montón y entonces el llanto inevitable por un oponente al que había vencido y que tiempo después revelaría: el temido Staphylococcus aureus (estafilococo dorado), una bacteria contraída en la rodilla tras una cirugía y que casi lo deja sin fútbol, sin vida.
Tenía 33 años cuando protagonizó su propio calvario.
Hoy, con casi 36 años (cumple el 7 de abril), el zurdo al que más extraña la selección por sus virtudes para controlarlo todo en el mediocampo, ha vuelto progresivamente a ser el mismo: un gigante de metro y setenta centímetros al que los rivales no pueden doblegar y la razón por la que las defensas sudan frío al percatarse de su nítido olfato para el pase en ataque.
Yoshimar Yotun 🔥🇵🇪 @ClubSCristal #GloriaEterna pic.twitter.com/BL7JOjVZy0
— CONMEBOL Libertadores (@Libertadores) February 18, 2026
No es, seamos sinceros, el prodigio que asistía a Paolo Guerrero con una claridad que asusta ni el feroz mediocampista que recuperaba todo con vehemencia en los tiempos de Gareca. No lo es. Pero sí ha asumido este año el rol al que califica por su experiencia, trayectoria y declarado amor por Sporting Cristal: es un caudillo dentro del campo al que siguen los otros diez y un obrero que en su posición hace cada vez más por sostener el espíritu de juego del equipo de Paulo Autuori.
Encima es goleador.
Lleva 4 goles, tres de ellos en tres partidos por Copa Libertadores. Sí, todos de penal. Todos desde los doce pasos, bien definidos gracias a su técnica depurada y decisivos para que Cristal esté a un paso de acceder a la fase de grupos de la Copa Libertadores y con ello, a un premio de 3 millones de dólares. ¿Qué jugador con los galones de Yotún no tiene como obligación asumir el rol de capitán cuando el oficio pide un héroe con riesgo de ser villano?
Tras 15 meses de ausencia y un 2026 en el que la ha costado acoplarse y sumar rodaje, hoy Yotún es el capitán que siempre está. Su liderazgo es un discurso pero también se aplica al trabajo táctico que tanto exige Autuori en busca de un Cristal en el que el equilibrio en ataque/defensa sea el sello. Allí Yoshi comienza a ser la pieza de rodaje decisiva.
Más aún en un equipo al que le cuesta las bandas y la exigencia de la culminación de las jugadas. Fallar tanto en los últimos metros obliga a dos cosas: intentarlo más veces y poner candado atrás (al medio). Para ambas labores es útil Yoshi con 35 años.

El nuevo Yotún
El 2022 terminó el año llorando en el Nacional. Fue una temporada de lesiones que intentó resolver o anticipar incluso con plantillas especiales. Fue duro en su regreso. Este año juega ya su décima temporada con Cristal, un año en el que su mejora progresiva es el resultado también de una exigencia mayor y el cuidado de los detalles como la alimentación.
Come cada tres horas casi casi con tiempo cronometrado. No importa que esté bajando de un avión o en un bus. “Yo no como chocolate”, avisó. Ha desterrado la comida chatarra por completo de su dieta y eso lo traslada al camerino. En una entrevista del 2023 contó que una vez, antes de un partido, le arranchó un chocolate a un compañero a 24 horas de un partido, “No, no puedes comer eso”, dijo con voz de líder.
Ese es el Yotún de 35, de casi 36.
“Siempre he sido un jugador que cree mucho en el tema físico, siempre me he proyectado que hasta mi último partido tengo que estar bien”, afirma la figura que debutó en José Gálvez y le tocó enfrentar a su querido Cristal en la cancha del Gallardo, allá en el 2008. “Aquí me bombardearon de vitaminas, me trataron muy bien, me dieron todo. Cristal es mi vida”, sentencia.
Por ahora, lo que siente es capaz de demostrarlo en la cancha. Privilegio que no muchos de su generación (mundialista) han sido capaces de lograr. Y que, seguramente, Mano Menezes ya advierte en un apunte detallado en su laptop.
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