Argentina y Brasil se enfrentan esta noche en Belo Horizonte. (Foto: Selección argentina)
Argentina y Brasil se enfrentan esta noche en Belo Horizonte. (Foto: Selección argentina)

Cristian Grosso / "La Nación" - GDA

Gana la Argentina sin Lionel Messi y es el mejor resumen de una selección inexplicable. Un equipo ordinario que todo el tiempo convive con el riesgo del desequilibrio, al que se le notan las costuras apenas el rival de turno se atreve a comprometerlo. Pero avanza con una versión rocosa, el compromiso gregario de todos, las atajadas de Franco Armani y esa cuota de suerte que tantas veces lo traicionó. ¿Sobra Messi? Afirmarlo sería una herejía. Siempre Messi ha estado por delante de la selección, pero esta vez el equipo está jugando por encima de Messi. No guía la manada ni convierte, y canta el Himno por primera vez en su partido número 134 en celeste y blanco. La versión impensada, el Messi desconocido. Terrícola y oficinista, atrapado por la kryptonita, al superhéroe se le descosió la capa.

Cuatro partidos completos en la Copa América y el cuarto 5 para Messi según los puntajes de LA NACION. Apenas discreto, demasiado intermitente. El equipo lo saltea en varias acciones porque prefiere atacar de manera anárquica, entonces Messi no es aduana ni referencia. Y como el ataque está ocupado por Sergio Agüero y Lautaro Martínez, Messi flota. Ondula en una desconocida intrascendencia. Intenta ser enlace, pero su versión desequilibrante es cuando se disfraza de killer. Messi no encuentra su plataforma de lanzamiento porque lo arrastra un equipo tan desconcertante. Como si no terminase de encajar entre tantos espasmos. Se queja del estado de los campos de juego brasileños, confiesa que pierde tiempo en los controles, explica que los adversarios suman muchos maratonistas para patrullar el mediocampo. Podría frustrarse, pero eligió rebelarse contra esa fuga de identidad, contra los desconcertantes cambios de Scaloni. Entonces se vuelve un futbolista corriente y decide correr como uno más. No le falta dedicación al capitán. No se esconde, no se hunde. Se ofrece, y hasta se anima a algunos repliegues.

Lionel Messi entonando el himno de Argentina

Histórico: Leo Messi cantó, por primera vez, el himno nacional de Argentina. (Video: MARCA)

Pero ya no zigzaguea en velocidad, casi no se quita marcas, no encuentra con clarividente frecuencia los pases entrelíneas. Sus tiros libres son 'centritos', como hace año los acicateaba Alfio Basile. Solo remató tres veces, ningún disparo fue al arco y apenas le hicieron una infracción. La planilla de las formaciones podría decir Lionel González, o Lionel Fernández. Uno entre tantos. Extravió la fantasía. Como si se hubiese contagiado de un equipo que no se distingue del rebaño. Como si se hubiera contaminado con el diagnóstico que él mismo lanzó antes de la Copa América: si Argentina ya no es potencia, si ni siquiera partió entre los favoritos a ganar la Copa América, él descendió a ese plano para mimetizarse con una selección metalúrgica. El equipo no extrañó -ni necesitó- al crack fulgurante para superar a Qatar y a una Venezuela remolona, pero si quiere cruzar a Brasil necesitará que el futbolista más desequilibrante del planeta recupere la porción más distinguida de su increíble paleta. El artista brillante debe reencontrar el cincel mágico. Él lo acepta: "No es mi mejor Copa América, no es lo que yo esperaba. Ojalá llegue el gol contra Brasil". No hay gesto más alentador que un genio disconforme.

Messi cambió su postura en la selección. Dialoga con los medios y el cuerpo técnico destaca su predisposición en el vestuario. Se mantiene reflexivo y de buen humor. Pero su saludable cercanía contrasta con un futbolista que en la cancha perdió atracción e influencia. Que la selección no sea messidependiente, que no añore a su crack, no significa que haya conseguido la talla de equipo autosuficiente, con tanta autoridad colectiva que puede prescindir del mejor. No. Simplemente resolvió con poco, encuentros de baja exigencia.

Messi aceptó su bajo rendimiento...

Messi admitió su bajo rendimiento: “No estoy haciendo la Copa América que esperaba”. (Video: YouTube / Foto: Captura de pantalla)

Acostumbrado a disimular los desafinados acordes de la selección durante tantos años, esta vez él está destemplado. El público asiste algo atónito, justo cuando asoma Brasil. Detrás de la sorpresa, que la selección avance invita a creer que el próximo partido puede ser el de la redención. Esta Argentina es tan solidaria que hasta se ocupa de llevar a remolque a Lionel Messi.