Por José Antonio Bragayrac

Argentina llega otra vez a una final con algo más valioso que el talento de Messi o el libreto de Scaloni: llega convencida de que nadie puede contra un grupo sólido en carácter ni con una memoria competitiva tan feroz como entrañable. Más que cualquier sistema táctico o proeza individual, la sensación de inevitabilidad que transmite esta Albiceleste resulta muy difícil de combatir. Y ni hablar del aura que la rodea...

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