Por Pedro Ortiz Bisso

En 1995, cuando un jovencísimo Genaro Gatusso empezaba a coleccionar canillas con la camiseta del Perugia, la ciudad de Sarajevo permanecía sitiada. Bosnia y Herzegovina había declarado su independencia tres años atrás, y su capital soportaba el incansable asedio de nacionalistas exyugoslavos. Las calles que se anegaron de sangre y dolor, el último martes se desbordaron de felicidad luego del triunfo sobre Italia que les dio el pase a su segunda Copa del Mundo.

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