RespuestasMientras se define si Sergio Ludeña permanece o no como jefe del IPD, los deportistas vuelven a mirar hacia la institución que administra buena parte de sus carreras con una mezcla de expectativa y preocupación. Mafer Reyes, una de las surfistas peruanas que ya tiene asegurada su presencia en Lima 2027, sabe lo que significa competir en la élite y también lo que cuesta hacerlo. Por eso, más allá de la experiencia de haber compartido un almuerzo con Simone Biles —“estaba más nerviosa que en una competencia”, cuenta—, su conversación deja un mensaje para quien asuma las riendas del deporte peruano: no se necesita empezar otra vez, sino construir sobre lo que ya existe.
Mientras se define si Sergio Ludeña permanece o no como jefe del IPD, los deportistas vuelven a mirar hacia la institución que administra buena parte de sus carreras con una mezcla de expectativa y preocupación. Mafer Reyes, una de las surfistas peruanas que ya tiene asegurada su presencia en Lima 2027, sabe lo que significa competir en la élite y también lo que cuesta hacerlo. Por eso, más allá de la experiencia de haber compartido un almuerzo con Simone Biles —“estaba más nerviosa que en una competencia”, cuenta—, su conversación deja un mensaje para quien asuma las riendas del deporte peruano: no se necesita empezar otra vez, sino construir sobre lo que ya existe.
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Reyes advierte de las dificultades para viajar con sus entrenadores, de la necesidad de competir fuera del país y de un sistema que todavía obliga a muchos deportistas a elegir entre estudiar, trabajar o dedicarse al alto rendimiento. “Con cada cambio retrocedemos”, sostiene. Y plantea una tarea concreta para quien llegue: planificación deportiva de corto, mediano y largo plazo.
—¿Qué significa para ti haber compartido un almuerzo con Simone Biles?
Fue una experiencia increíble. Estaba nerviosa de conocerla y, al mismo tiempo, emocionada. Creo que muchos deportistas peruanos querían compartir una experiencia con ella y conversar sobre su trayectoria. Pero no quise hablarle mucho de deporte. De repente, después de haber venido a Perú y haber estado hablando de todos los temas deportivos, quería dejar eso de lado y disfrutar un poquito más del Perú.
Conversamos sobre nuestra comida. Ella ya sabía quién era yo y eso me emocionó mucho. Uno como deportista siempre quiere que sus ídolos tengan una referencia de quién es. La admiro muchísimo por su carrera y su historia.
—¿Cómo fue estar frente a una leyenda del deporte?
Mi primera impresión fue que tiene muy buena energía, muy buenas vibras. Pudimos conversar de muchísimas cosas. Le encantaba la comida peruana. Le pregunté si había probado la Inca Kola y me dijo que no, así que pedí que le trajeran una. Le gustó.
También comimos comida chiclayana: cebiche, arroz con pato, tortillas... Había de todo. Ella y yo teníamos hambre a la misma hora, horario obrero. Hablamos de nuestras vidas personales, conoció a mi esposo y conversamos de que ella también es casada. Le regalé un mototaxi artesanal porque había visto uno y le había gustado. También le regalé una camiseta negra de diseño chicha, un polo y una casaca. Estaba fascinada con su mototaxi.
—¿Cuándo supiste que ibas a conocerla?
Desde que estaba en California. Me llamaron y me dijeron que iba a tener un almuerzo con Simone Biles, pero no podía decir nada. Les dije que no hablaba mucho inglés y me dijeron que no me preocupara, que querían que la hiciera reír y disfrutar porque ella suele dar entrevistas muy serias y confiaban en mi personalidad. Estaba más nerviosa que en una competencia. Se me borró el speech de la emoción. Le pedí disculpas por mi inglés y me dijo que estaba muy bien. Eso me subió la autoestima porque me estoy esforzando mucho en aprender. En el colegio no me enseñaron y he tenido que aprender con los viajes y con la ayuda de mi esposo.
—¿La invitaste a surfear?
Sí. Le dije que me hubiera encantado surfear con ella, pero ese mismo día se iba. Me preguntó si había tiburones y le dije que en Perú no hay, que no se preocupara. Mi esposo le contó que yo le enseñé a él y ella dijo que la próxima surfeamos juntas. Le dije que para ella sería fácil por su equilibrio y que la llevaría a una playa para principiantes. La voy a esperar porque todavía le falta mucho por conocer aquí.
—¿Qué puede dejar la visita de una deportista como Simone Biles en el deporte peruano?
Muchísimo. No solo por la parte turística, porque esto nos pone en un radar diferente, sino por la inspiración. El sueño de todo deportista es una medalla olímpica y ser reconocido como ella. Su disciplina y perseverancia son inspiradoras. No ha tenido una carrera fácil y su historia desde niña es conocida. Ella tiene más de 41 medallas. Yo no estoy ni en la cuarta parte, pero voy por buen camino. Ella tiene solo un año más que yo, así que hay que avanzar rápido.
Esto también debería inspirar a nuestro gobierno a mejorar la infraestructura y el apoyo. El deporte abarca economía, turismo y la parte social; saca a las personas de la calle y da oportunidades. Eso es lo que se debe trabajar en el Perú.
—Biles también habló de la presión y de la salud mental. ¿Cómo manejas tú esa parte del deporte de élite?
Mientras más ganas y más logros das, la gente quiere más. Esa presión hay que aprender a manejarla. A veces leer comentarios negativos es difícil porque las personas no saben todo lo que hay detrás de cada entrenamiento.
Me dicen: “Ya ganaste”. Y yo digo: “Sí, pero eso fue el año pasado”. Ahora vienen nuevos desafíos y uno mismo se pone la valla más alta. El desafío es cada vez más difícil, pero no imposible. En el deporte se pierde más de lo que se gana; de 100 campeonatos no vas a ganar todos.

—¿Cómo va tu año a nivel competitivo?
Empecé muy bien, ganando la medalla de oro en el Panamericano de Surf en Panamá. Ese resultado me dio la clasificación para los Juegos Panamericanos Lima 2027, ganándome el cupo por mérito propio y no solo por ser anfitriona.
También se viene el Mundial en noviembre y el circuito profesional. En Huntington corrí muy bien, aunque perdí en segunda ronda. Fue difícil de asimilar, pero me motiva a seguir preparándome. Próximamente viajaremos a Argentina, a Mar del Plata, para un evento de ODESUR.
El agua va a estar muy fría, vamos a usar guantes y botas. En el surf hay que adaptarse constantemente al clima, al mar y a los horarios. A veces es difícil cuando el Estado solo te permite viajar dos días antes, porque la adaptación requiere más tiempo.
—Y en ese punto llegamos al IPD. Estamos a menos de un año de Lima 2027. ¿Cómo ven los deportistas esta inestabilidad por un posible cambio de jefe del Instituto de Deporte?
Nos afecta muchísimo, sobre todo en las subvenciones para viajar y competir. Sin una cabeza a cargo, muchas cosas se paralizan. Hemos pasado por muchos cambios de gobierno. El último presidente del IPD que duró todo su periodo fue Gustavo San Martín; de ahí en adelante duran pocos meses.
—Desde 2022, el promedio es de unos ocho meses.
Con cada cambio retrocedemos. Hay que volver a empezar de cero para que el nuevo director conozca al deportista y sus necesidades: suplementos, seguros, apoyo para viajar con entrenadores... Esto afecta tanto al alto rendimiento como a las nuevas generaciones. Cada uno que entra tiene una visión distinta y quiere cambiar cosas, pero pocos tienen las agallas de ser líderes de verdad y “mojarse” por nosotros. El talento está, pero muchos se alejan por falta de apoyo. No hay un sistema que te permita estudiar, trabajar y dedicarte al deporte al 100%.
—Podemos tener infraestructura, pero de qué sirve si para competir en la élite hay que invertir afuera.
Exacto. Yo tengo muchos campeonatos, pero solo me cubren cuatro. Tengo que elegir el tour profesional donde están las mejores para mantener mi nivel alto, aunque sea más difícil ganar una medalla ahí que en un evento de menor categoría. Lima 2019 dejó infraestructura, pero el deportista necesita competir en la élite y eso cuesta. Pocos tenemos patrocinadores e igual es insuficiente para cubrir los gastos de vida. Las federaciones también necesitan mandar a sus deportistas afuera porque mientras más medallas traigamos, más presupuesto les dan. Es un círculo que necesita cerrarse.

—¿El IPD se ha comunicado con ustedes en estas semanas para explicarles la situación?
No, el IPD no nos dice nada. Guido Flores sí se acercaba y mantenía comunicación. Con Sergio Ludeña la comunicación ha sido muy parca, y eso da que hablar porque necesitamos ser escuchados. El IPD necesita nuevos cambios y metodologías que se pueden copiar de otros países donde el deporte funciona. A pesar de todo, hemos logrado una medalla olímpica después de muchos años.
—Entonces, ¿qué debería hacer el próximo jefe del IPD?
No hay que descubrir la pólvora, sino aplicar lo bueno de otros lados. Talento tenemos de sobra. Falta una planificación deportiva de corto, mediano y largo plazo para asegurar medallas olímpicas y panamericanas en el futuro, y no tener que esperar otros diez años.



















