Por Marco Quilca León

Hay historias que no se escriben con músculos ni medallas, sino con la terquedad de seguir avanzando cuando el cuerpo, ese mismo que alguna vez fue sedentario, descubre que aún puede reinventarse. La de Jaime Giesecke es una de ellas. A los 70 años, será el competidor de mayor edad en el Iroman 70.3, la prueba más exigente del circuito local. Llegará después de una operación “masiva”, como él mismo la llama, que lo tuvo dos meses detenido hasta noviembre del año pasado, contando pasos alrededor de la cama como si fueran kilómetros. “El deporte siempre te pone pequeñas adversidades”, nos dice. “Lo interesante es reconstruirte”, se replica a sí mismo.

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