Varillas se convirtió en la primera raqueta nacional en el 2016. (Foto: Roland Garros)
Varillas se convirtió en la primera raqueta nacional en el 2016. (Foto: Roland Garros)
Christian Cruz Valdivia

En un país tan escaso de victorias, lo de es una clasificación mundialista. Se celebra así, de ese tamaño es la euforia. En un país donde el fútbol se lleva casi todos los reflectores, lo de Juanpi y su tenis es una larga eliminatoria que disfrutó de la presencia en un Gran Slam. Lo intentó una, dos… siete veces y se le dio: el peruano clasificó a su primer cuadro principal de un Major. Disputó Roland Garros y lo hizo a lo grande

MIRA: Juan Pablo Varillas al cuadro principal de Roland Garros: lo que viene para el tenista peruano en el Grand Slam parisino

Varillas es hoy el símbolo del tenis peruano -no hablemos aún de resurgimiento porque falta mucho por hacer- que tiene nuevos rostros, los cuales nos hacen dejar de añorar el pasado ‘siempre mejor’. Hoy seguimos admirando a Jaime Yzaga -a quienes los menores de 30 quizás no vieron jugar-, a Lucho Horna -y su gran victoria en dobles de Roland Garros 2007 y lo que hacía en la Copa Davis-. Pero ya Varillas tiene un espacio en esa vitrina tenística. Con 20 años se hizo cargo de ser la primera raqueta nacional en el 2016 -tras el retiro de Duilo Beretta-, con 26 toma la posta de los grandes con presencias en los Grand Slam. Le costó ser quien jale la cadena del tenis peruano, pero se dio cuenta que la responsabilidad era grande y hoy es el líder que disfruta la selección peruana, que en la Copa Davis buscará ante Chile meterse en las Finales del torneo.

La qualy de un Grand Slam “es una tómbola”, nos decía Duilio Beretta, quien fuera entrenador de Varillas hace tres años. Y Juan Pablo pudo sortear la de Roland Garros en su tercer intento en París. Jugar en la arcilla francesa es el sueño de todo tenista que crece en esta superficie y Juanpa lo ha logrado. Sumará 25 puntos para el ránking, lo que también lo ayuda a su objetivo de llegar al Top 100. La tómbola pasa por el hecho que pudo elegir un Challenger con rivales en el papel más accesibles, y de ganar podría sumar 90 puntos. Pero Varillas mira alto.

Si algo hay que destacar de Varillas es la tranquilidad con la que asume cada reto. “Punto a punto”, le llaman en el tenis. Hace menos de un año fue el último clasificado peruano a los Juegos Olímpicos y en Tokio 2020 jugó a gran nivel ante DiegoSchwartzman, quien advertí que pronto el peruano estaría jugando grandes torneos ATP. Hoy Juan Pablo está en el cuadro principal de Roland Garros. Desde Luis Horna en el US Open 2008 que un peruano no se metía entre los 128 de un Major.

Si bien, Juan Pablo es un productor del tenis peruano, hay que decir que tuvo que dejar el país -confesó que apenas pasa ocho semanas en el Perú- para alcanzar el nivel que tiene. Argentina -país tenístico- es su centro de concentración y entrenamiento. De ahí proviene su entrenador Diego Junqueira, quien lo acompaña en cada torneo -lo vimos juntos en Tokio- y este viernes estuvo en la tribuna de la cancha 11 de Roland Garros. Eso no es más que inversión y proyección, algo que en el Perú aún cuesta entender: el deporte (y la educación) es la mejor inversión, a largo plazo quizás, pero la mejor. En el 2019 trabajó con Duilio Beretta y en el 2020 tuvo una mala experiencia con el argentino Pablo Fuentes.

Juan Pablo Varillas es una de las excepciones a la gran problemática que afronta el deporte peruano. Pasar al profesionalismo es un gran paso y muchos optan por lo seguro, la de llevar una carrera universitaria. Juanpi hizo lo contrario, dejó las aulas -se retiró de su carrera sin que su familia lo supiera- y decidió tomar la raqueta y dedicarse al tenis. Hay apuestas que se ganan con el tiempo, y las ganancias se miden en alegrías como la de este Roland Garros.

En el 2019 se dio un quiebre en su carrera con sus primeras victorias en los Challenger -tiene 4 en su carrera-, pero el inicio de la pandemia retrasó su crecimiento. Sin embargo, Varillas ha sabido mantener su regularidad hasta estar a puertas del Top 100. Hoy, que no nos sobran motivos para sentirnos orgullosos, nos cambió al madrugada. El día. El mes.

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