La leyenda de la NBA, Kobe Bryant murió a los 41 años tras derribarse su helicóptero en Los Ángeles. (Foto: EFE)
La leyenda de la NBA, Kobe Bryant murió a los 41 años tras derribarse su helicóptero en Los Ángeles. (Foto: EFE)
Pedro Ortiz Bisso

La pregunta parece absurda e irrespetuosa, pero nunca deja de estar vigente. ¿Todos los muertos son buenos? Cuando nos deja un personaje conocido surge la interrogante después de leer o escuchar los panegíricos de costumbre, algunos tan exageradamente melosos que parecieran pertenecer a otra persona.

La trágica muerte de sumió al mundo en un profundo dolor. La ex estrella de laera un héroe para millones de personas, que vibraron con sus hazañas en las canchas de básquetbol y sus muestras de humanidad fuera de ellas.

Sin embargo, Kobe también tenía su lado oscuro. La periodista Felicia Sonmez del “Washington Post” se encargó de recordarlo a través de un tuit, en el cual enlazaba una nota sobre la acusación de agresión sexual contra Bryant, ocurrida en el 2003, que culminó con un millonario acuerdo extrajudicial.

Sonmez, según tuiteó después, recibió una andanada de amenazas a través de las redes sociales. En lugar de defenderla, los directivos del Post le pidieron que borrara sus tuits y la suspendieron bajo el argumento de una supuesta “falta de juicio”, que socavaba “el trabajo de sus colegas”, además de violar su política sobre redes sociales.

El caso ha originado una andanada de críticas contra el medio y ha puesto la pregunta de marras nuevamente en el tapete.

Cuando don Héctor Chumpitaz nos deje hablaremos de sus extraordinarias dotes como zaguero, su golazo ante los búlgaros en México, sus lágrimas luego de la clasificación a España 82… ¿y de su relación con Vladimiro Montesinos? ¿De eso diremos algo? Y cuando al gran Nene Cubillas le toque partir, ¿olvidaremos su conversación con el ex juez César Hinostroza pidiendo por su amigo Carlos Burgos?

A veces olvidamos que nuestros héroes personales también son seres humanos.

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