GF Default - Man Bok Park
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Redacción DT

Por Patrick Espejo M.

Fue el primer entrenador que unió al país. Al menos así lo recuerdo. Setiembre de 1988, madrugada, los despertadores de todo el país sonaban pasadas las 5:30 a.m. Jugaba el vóley en los Juegos Olímpicos en Seúl. Tras la victoria ante Japón en semifinales, la población salió a las calles rumbo al Parque Central de Miraflores.

El país estaba orgulloso de lo que había alcanzado un grupo de muchachas dirigidas por un surcoreano que apenas mascaba el castellano, aunque ya tenía 14 años viviendo en el Perú. Él impuso una disciplina rígida, decían algunos que incluso tenía mal carácter –y de hecho, algo de eso era muy cierto–, pero estableció una fórmula ganadora.

Le decían ‘Manbo’, y aunque no tenía ritmo para el baile, le encantaba el ‘swing’ de su otra gran afición, el golf. Recuerdo que durante el Mundial de Vóley de 1990, en Japón, al que asistí enviado por El Comercio, acabó la práctica matinal y me llevó a una casa llena de redes donde durante casi una hora practicó su golpe de salida para el golf. Era su catarsis.

Míster Park llegó gracias a esa decisión de implementar la escuela asiática por la que apostó el vóley en los años 70. Vino como asistente de otro grande, el japonés Akira Kato, y asumió las riendas de la selección cuando este falleció. A partir de allí fue subcampeón mundial juvenil en México, dirigió a Perú en los Juegos Olímpicos de Moscú 1980, fue subcampeón mundial en Perú 1982, cuarto en los Juegos Olímpicos de Los Ángeles 1984, bronce en el Mundial de Checoslovaquia 1986 y subcampeón olímpico ese 1988.

Terminó de romper el mito de que el vóley era solo para amas de casa, y lo convirtió en un patrimonio de los peruanos, en un motivo de orgullo. Hasta hoy se recuerda por sus nombres a las figuras de entonces, Gina, Cecilia, Rosa, Cenaida, Natalia, Gaby, Denisse, Miriam, Alejandra, y tantas otras.

Unió al país en la época en la que el Perú se desangraba. Gracias por eso, maestro. El deporte peruano te va a extrañar.

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