Por Miguel Villegas

Como suele ocurrir con las casualidades que luego se convierten en fenómenos, Daisy Bamberger (21) conoció el boxeo como una forma de estar más cerca de su padre un fin de semana. Tenía 10, 11 años, cuando su hermano y ella lo acompañaban en su rutina de gimnasio, bajo el sol que achicharra en Oakland, California, a quince minutos del mar. Los guantes todavía le pesaban como yunques. La pera aún le doblaba en tamaño. Y la idea de ser una la primera boxeadora con raíces peruanas que pueda clasificar a unos Juegos Olímpicos, el guion de una película imposible.

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