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“Los primeros sorbos de la Copa”, por Jerónimo Pimentel

“Los anfitriones dejan sensaciones mixtas, como de león dormido; Venezuela es renovación y crecimiento; Perú en ataque es predecible y en defensa está en busca de recambio; y Argentina no ilusiona”

James Rodríguez saludando a Leo Messi durante un partido de Copa América. (Foto: AFP)

James Rodríguez saludando a Leo Messi durante un partido de Copa América. (Foto: AFP)

Brasil. Los anfitriones dejan sensaciones mixtas, como de león dormido. ¿Serán capaces de despertar a tiempo? Un discreto equipo boliviano, remendado y veterano, les complicó buena parte del debut hasta que el VAR se encargó de resolver aquello que Pitana, de inicio, pasó por alto. Luego todo fue fácil e incluso esperanzador, como el gol de Everton, que demuestra una verdad de perogrullo: más allá del funcionamiento de equipo que logre Tite, hay un talento individual capaz de resolver cualquier entrampamiento. Lo que no queda claro es cómo responderán los resortes internos ante la oposición de un rival mayor, algo que recién quedará claro en la siguiente fase.

Bolivia. Cuando la selección del Altiplano alinea a Chumacero y Martins, uno tiene la sensación de estar ante un equipo gastado que ha llegado hace años ya a su límite competitivo. Fuera de La Paz se espera poco de Bolivia, y en algún punto es como si ellos mismos lo supieran. Peor aún si les toca debutar ante los locales, lo que en estos casos parece más una sentencia que una invitación.

Venezuela. Los llaneros son el opuesto perfecto de los bolivianos: en ellos todo es renovación y crecimiento. Faríñez, Rincón, Rondón y Murillo crean una sensación de equilibrio por líneas propia de equipo grande, sin serlo. Buscan la posesión y defienden con orden. Dicho todo esto, el empate fue para ellos una buena recompensa y la figura volvió a ser su arquero. Será un competidor serio en las Eliminatorias.

Perú. El equipo de Gareca ratificó lo visto en amistosos: perdió “momento” y no ha logrado recuperarlo. En ataque es predecible y en defensa está en busca de recambio. Si bien Gonzales es un aporte al medio, Tapia y Yotún han bajado su rendimiento y han perdido entendimiento con Cueva, quien sigue intermitente. Las mejores opciones son por las bandas, pero Flores continúa por debajo de su nivel y Trauco no se caracteriza por su proyección, sino por su pase largo. Queda confiar en los desbordes de Advíncula y en la contundencia que puedan tener Guerrero y Farfán en el área contraria.

Colombia. Luego de la goleada en Lima y el triunfo ante Argentina es uno de los favoritos. No llega a ser deslumbrante, pero lo que falta en luces Queiroz lo compensa con contundencia. Del medio hacia arriba posee un ataque temible: James, Cuadrado (una pena que a pesar de su talento sea un jugador malero), Muriel (una pena su pronta lesión), Falcao, Martínez, Zapata. Impresiona cómo el portugués –un pragmático– ha puesto en valor el componente atlético, algo que se apreció en el segundo tiempo, cuando los cafeteros atravesaban a los laterales argentinos con facilidad. Es un equipo en ascenso.

Argentina. No se puede hablar de decepción, porque esta Argentina no ilusiona. No lo hace desde su entrenador, quien no posee méritos para ostentar la posición que tiene, ni tampoco por la plantilla. Existe una insistencia en creer que Messi y Agüero bastan para ganarlo todo. Probablemente les alcance para obtener algunas victorias en partidos sueltos, pero los campeonatos los suelen ganar los proyectos. Este, aún, no se ve cuál es. Scaloni cedió el mediocampo y, cuando quiso rectificar, Colombia contestó con dos cachetadas. Preocupa la diferencia en potencia y velocidad entre los argentinos y los colombianos, estos últimos con una superioridad marcada.


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