Christian Ramos: de hombre cuestionado a titular fijo en Perú
Christian Ramos: de hombre cuestionado a titular fijo en Perú
Miguel Villegas

En el país de Chumpitaz y Meléndez, en el puesto de Reynoso, el back de la selección no podía ser como . No se admite, parece. No puede fallar nunca por arriba (como hacía don Héctor), no debe ser lento sino elegante (como don Julio) y no corresponde que rife una pelota con la punta (como Juan). Esa injusta competencia –que para algunos clasifica a buenos y malos con facilidad–, es hoy su principal argumento de defensa. Sin esos rigores, Christian Ramos es titular de la defensa de Perú, ha jugado 7 partidos de los 11 de esta Eliminatoria, detrás de Guerrero y Cueva, es el que más jugó con Ricardo Gareca. Otros no están convencidos, varios ni están, pero él sí.

¿Qué tipo de back es Ramos? O mejor, ¿qué central es hoy? Digamos que representa a ese grupo de futbolistas que tiene los mejores formadores del medio y que, en ese sentido, ha recibido una educación integral que va más allá de despejar una pelota. Una rareza para un país que, por el contrario, deforma. En Cristal no encontró sitio y se fue a la San Martín, donde salió campeón pero no la rompía. Parecía siempre muy nervioso, llegaba tarde a casi todas los cruces y pese a su talla, el juego aéreo no era garantía. Le sobraba cuerpo. En 2011, Markarián detectó en él dos rasgos que solo se reconocen con el tiempo y lo llamó a la selección para la Copa América en la que Perú fue tercero: 1. Personalidad. Y 2. Responsabilidad. Allí conoció a Rodríguez, su dupla hoy. Allí se fue ganando el puesto. Allí ratificó que, pese a los errores que cometía en el torneo local, su caso era raro: cumplía mejor con Perú que con su club. La franja no lo disminuía, al contrario, se crecía.

Cinco años y 53 partidos con la camiseta peruana después, ese central dejó el país para jugar en Argentina y ya no se duda sobre su presencia en la Eliminatoria. Es más, se duda cuando no está. Y si Corzo le ganó el puesto a Advíncula o Trauco hizo olvidar a Vargas, Christian Ramos forma parte de este grupo que arranca menos adjetivos y más aplausos, que juega más de lo que habla, que ha aprendido a convivir con la crítica extrema antes que con el elogio. Pasaron muchos centrales desde que lo llamó Markarián a la Videna. Ramos solo se superó a Ramos, con todo lo que significa superar tus propios errores.

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