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Claudio Pizarro: razones para no llamar a un "embajador"

En 6 meses acumula 464 minutos jugados y 1 solo gol. Poco para aspirar a ser llamado a la selección

Claudio Pizarro confía en que será convocado si Perú logra clasificar al Mundial de Rusia 2018

Claudio Pizarro confía en que será convocado si Perú logra clasificar al Mundial de Rusia 2018. (Foto: Reuters)

(Foto: Reuters)

La citación de un jugador es la respuesta del entrenador a la necesidad del equipo. Se cita, en teoría, porque la pieza elegida podría sumar poderío a un todo. ¿Perú necesita a Claudio Pizarro en la cancha? Hoy no. Porque el puesto de 9 tiene titular, suplente y hasta suplente del suplente. ¿Perú necesita a Pizarro fuera de la cancha, como referente? Tampoco. Guerrero primero, Ramos después y Tapia en último caso manejan una interna respetuosa y perfil bajo, ajena a otras etapas de convivencia. Así las cosas, Perú no necesita a Pizarro. Es más bien hoy Pizarro el que necesita a Perú.

Cualquier citación debe basarse en rendimiento y hoy Claudio juega poco y no siempre bien. En los últimos seis meses ha actuado en 14 partidos (12 con el Werder Bremen y 2 con el Colonia), ha acumulado 464 minutos y ha hecho 1 solo gol. Su inicio en el Colonia tampoco lo tiene de titular seguro. Paolo, primero, Ruidiaz, después y hasta Reyna en tercer orden ofrecen mejores estadísticas, además de una continuidad en la idea de Gareca. El Pizarro de hace 3 o 4 temporadas asomaba como un candidato a selección más potable que el actual. El de hoy apoya su pedido más en su trayectoria que en su actualidad y la selección de un país no siempre debería estar dispuesta a esas concesiones. Decir que no debe ser citado no es faltarle el respeto a un "embajador". Es, simplemente, pintarle la cancha a un jugador que en otros tiempos tuvo a la selección en un puño y hoy, resultados mediante, es un espectador más.

Lo que le pasa a Pizarro (ser un histórico de su selección y no ser citado), le pasó a Raúl en España, a Aguinaga en Ecuador, a Salas en Chile, a Cardozo en Paraguay. No será el primer ni último caso. Quienes defienden su vuelta, sin embargo, afirman ahora que es "urgente" un suplente alto de Paolo, que no modifique el plan de los centros largos y a la cabeza que suele poner Trauco. Argumentan que Ruidiaz y Reyna, bajitos ambos, no aportan lo que sí entregaría un Pizarro recuperado y con ritmo en Colonia. Esa tesis, nada desdeñable a priori, pierde sentido si, por ejemplo, Gareca cita a Beto da Silva, uno del 'grupo' de la Copa Centenario que ha sido usado de extremo zurdo pero también de '9' alto. Ya con ritmo en Gremio, acumula más minutos que Pizarro. El 'Bombardero', como se observa, no es la única opción de metro 85 que tiene hoy el Perú.

Fuera de lo deportivo, en lo grupal habría que ver cuánto suma. Y si bien jugadores como Cueva o Farfán hablan maravillas de su calidad humana, es desde su forma de entender las obligaciones del futbolista de selección donde se presentan más dudas. Capitán desde el 2003, Pizarro queda muy marcado como referente de un vestuario que no siempre comprendió su deber con el manejo grupal y cuyos viajes Europa-Lima no siempre eran 100% reservados a la selección. Que hayan triunfado sus reglas de convivencia con Autuori, Uribe o Markarián, no implica que pueda hacer lo mismo en esta etapa de la gestión de Gareca.

Un ejemplo: cuando Advincula fue separado de la selección por un ampay en 2016, Pizarro lo defendió argumentando que estaba en su día libre. Oblitas, desde la gerencia, respondió que si la FPF le había pagado sus pasajes y costeado su tiempo en Lima, Advincula estaba al servicio de Perú "en todo momento" (sic). Son las nuevas reglas de Videna que quizá no coinciden con las famosas Pizarro rules. Decir eso tampoco es ofender a un "embajador"; es remarcar apenas que Claudio simboliza una etapa que no tiene por qué ser eterna.

Hoy que otros como Paolo asumen más naturalmente ese rol de liderazgo, casi no tiene sentido plantear su vuelta. Convocarlo sería solo un homenaje a su gran trayectoria. Y si queremos hacerlo, bastaría invitarlo a un amistoso y que la tribuna grite lo que tiene que gritar.

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