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"El dilema Claudio Pizarro", por Ricardo Montoya | Opinión

“Por alguna razón digna de estudios sociológicos, en casi todas las sentencias sobre Claudio Pizarro prevalecen las emociones por encima de la razón”.

Instagram: así festejó Claudio Pizarro el triunfo de Perú ante Croacia. (Foto: USI)

"El dilema Claudio Pizarro", por Ricardo Montoya. (Foto: USI)

En algún momento, varios años atrás, los goles de Pizarro eran las mariposas que del otro lado del mundo nos provocaban alegrías. Con cada tanto de Claudio se ratificaba, de una forma singular, nuestra peruanidad frente al mundo. Estábamos, unánimemente, orgullosos de sus conquistas en tierras sajonas. Queríamos, cada quien desde su entorno, participar un poquito de ese halo victorioso. Era el modelo a seguir.

Los tiempos cambiaron. Hablar hoy de Claudio supone el mejor antídoto ante la indiferencia. Si uno quiere granjearse afectos u odios a granel, basta con que exprese su opinión respecto de su posible presencia en el avión que va a Rusia. La polarización que despierta el tema solo admite dicotomías. Y por alguna razón digna de estudios sociológicos, en casi todas las sentencias sobre el todavía hombre del Colonia prevalecen las emociones por encima de la razón.

El día que ‘El Bombardero’ visitó con sus compañeros al Bremen, su ex equipo, la tribuna memoriosa lo acogió con fervor; distintos hinchas y periodistas compartieron, felices, la noticia. La respuesta fue inmediata y despiadada, desde ‘amantes de la mermelada’ hasta ‘viudas inconsolables’ se leyó en la redes sociales, pasando por el ya clásico “le están haciendo la campaña para que regrese a la selección”. Como si compartir la alegría que un peruano haya hecho patria lejos y se le reconozca estuviese ligado a un fin ulterior. Esta es una variable que Gareca deberá evaluar si finalmente decide su convocatoria: Pizarro despierta emociones, y no todas sanas. Si esto pasa en la calle, es muy posible que dentro del grupo de seleccionados ocurra de forma similar.

Ahora, en lo futbolístico, el que Gareca esté meditando su inclusión responde estrictamente a las circunstancias particulares que viven nuestros delanteros. Repasemos: si Guerrero queda absuelto, Farfán y Ruidíaz completarían la lista de posibles atacantes nacionales en el Mundial. En ese contexto convocar a Claudio pierde fuerza, ya que si bien no existe un jugador de sus características en el plantel, los puestos de ofensiva ya estarían cubiertos. Pero si, cruce los dedos, el panorama se oscurece y Paolo queda dolorosamente al margen, ¿qué otras alternativas tiene el estratega adelante? Los promisorios Beto da Silva y Álex Succar juegan poco en sus ligas. Beto, además, acusa una lesión. Iván Bulos hace meses que no hace fútbol. Yordy se despidió solo. Mayora se desinfló lentamente e Irven Ávila tuvo un año discreto en México. Nos queda muy poco de dónde escoger.

Mirando los clubes nacionales, uno repara en que los centrodelanteros de los equipos que disputan la final, Neuman y Herrera, no son peruanos. Las alternativas son escasas. Con esta cartografía futbolística, decidirse por este Claudio otoñal no es desvarío. Obviamente, lo que él puede ofrecernos ya no es lo mismo que hace un lustro. Hoy podemos esperar que él sea un buen recambio, que aguante la marca en espacios reducidos y que retome el cabezazo y la cuota de gol que parecen habérsele extraviado. Si llega a ser convocado deberá, y lo tiene que entender, que bajo las actuales circunstancias ser suplente en la selección es un privilegio.

A nosotros, jacobinos o girondinos respecto del tema, nos toca aceptar lo que decida Ricardo Gareca y apoyar su veredicto. Gran parte de la fortaleza de esta campaña ha estado fuera del campo porque el Mundial, no lo olvidemos, lo jugamos todos


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