Ricardo Gareca. (Photo by MARTIN BERNETTI / POOL / AFP)
Ricardo Gareca. (Photo by MARTIN BERNETTI / POOL / AFP)
Pedro Ortiz Bisso

En el planeta fútbol, cuando un directivo sale a los medios a respaldar a su entrenador, significa que a este le queda poco tiempo de vida en el cargo.

La conferencia de prensa que dio ayer Juan Carlos Oblitas, director deportivo de la Federación Peruana de Fútbol, pareciera ser la excepción. Pocas veces se había visto tan abatido a Ricardo Gareca, como ocurrió en el partido con Argentina, y las versiones sobre su renuncia se multiplicaron. Eso y el Caso Juan Cominges –a quien se habría querido culpar de la derrota ante Chile- generaron una serie de rumores que requerían una aclaración.

En diversas oportunidades, Oblitas ha recordado que una de las razones por las que consiguió resistir como entrenador en las eliminatorias para el Mundial de Francia, fue la presencia de José Aramburú, presidente de la llamada Comisión Francia 98. Pepe se convirtió en un parapeto que soportó con una entereza de hierro desde espontáneos ventarrones hasta las más truculentas tormentas. Sin su presencia, probablemente esa selección que no clasificó al certamen francés por diferencia de goles, habría arriado banderas, víctima de las toneladas de vilezas que recibió de todos lados.

Hoy el vendaval es de otro tipo; no obstante, las circunstancias exigían que saliera al frente un directivo con credibilidad –menos mal que no lo hizo el señor Lozano- a explicar qué diablos estaba sucediendo. Sin embargo, aunque Oblitas ha sido enfático en respaldar a Gareca -y en señalar que los partidos se perdieron porque los rivales fueron superiores-, las preocupaciones sobre la continuidad del técnico no se han disipado por completo.

¿Realmente Gareca quiso irse? Todo hace pensar que sí, en caso contrario, no hubiera sido necesario que Oblitas saliera respaldarlo. Esta selección ya pasó por un momento similar en la eliminatoria pasada, con la diferencia que en ese entonces los pedidos para sacar al ‘Tigre’ nacieron del interior de la federación. Aquella vez, se tomaron decisiones radicales –la salida de Pizarro-, se incorporó a jugadores del medio local –Flores y Ruidíaz- y se blindó al grupo a fin de aislarlo de las críticas que recibía desde el interior de la Videna y del exterior.

Hoy la intención parece ser la misma y ha llegado de la mano de una advertencia a los jugadores: quien no se ponga en vereda, verá el resto de partidos por televisión.

Existe, empero, una pregunta por responder: si ante Bolivia y Venezuela, nuestros rivales de marzo, los resultados no son los esperados, ¿el ‘Tigre’ tendrá fuerzas para continuar?

Creo que ni él mismo conoce la respuesta.

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