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"A pedir de Boca", por Jerónimo Pimentel [OPINIÓN]

"Entiéndase bien: ante Argentina, Perú pondrá a prueba su resiliencia. Es un examen justo para un equipo que tiene carencias, pero al que no le falta sudor y que ha encontrado cierto gusto en sufrir"

"Entiéndase bien: ante Argentina, Perú pondrá a prueba su resiliencia. Es un examen justo para un equipo que tiene carencias, pero al que no le falta sudor y que ha encontrado cierto gusto en sufrir"

"Entiéndase bien: ante Argentina, Perú pondrá a prueba su resiliencia. Es un examen justo para un equipo que tiene carencias, pero al que no le falta sudor y que ha encontrado cierto gusto en sufrir". (Foto: AFP)

"Entiéndase bien: ante Argentina, Perú pondrá a prueba su resiliencia. Es un examen justo para un equipo que tiene carencias, pero al que no le falta sudor y que ha encontrado cierto gusto en sufrir". (Foto: AFP)

"Entiéndase bien: ante Argentina, Perú pondrá a prueba su resiliencia. Es un examen justo para un equipo que tiene carencias, pero al que no le falta sudor y que ha encontrado cierto gusto en sufrir". (Foto: AFP)

Existe una expectativa brutal respecto al partido ante Argentina. Es entendible, en tanto un triunfo peruano sería suficiente para asegurar un lugar en el repechaje, por lo menos. La prensa deportiva de ambos países ha hecho lo de siempre: agigantar las chances del pequeño y poner en entredicho a los favoritos en virtud de su pobre récord reciente. Algo se ha añadido al respecto, como pintoresquismo: insistir en los ecos históricos y reavivar las fuerzas en pugna en el plano simbólico.


Esta idea es atractiva, aunque dudosa: se ha resucitado la gesta del 69, se han vuelto a transmitir las palomilladas de Chale y ‘Perico’, y se ha puesto en valor la actitud un tanto desfachatada que tuvo aquel conjunto para mirar cara a cara a un rival en teoría superior. El nervioso cambio de sede del Monumental (donde Perú resignó sus chances en el 85) a la Bombonera (los goles de ‘Cachito’ son las piedras fundacionales del mito del fútbol peruano) parece nutrir la idea de que los astros se alinean a favor de nuestra selección. No es un pensamiento racional, pues ignora medio siglo de resultados en contra, el peso específico de ambos conjuntos y la inevitable influencia de la localía. Gareca lo sabe y Mosquera, de alguna forma, le ha regalado un posible escenario luego de su descalabro ante River: si Argentina no anota en los primeros 15 minutos la presión será un aliado peruano, pero si no...


Entiéndase bien: ante Argentina, Perú pondrá a prueba su resiliencia. Es un examen justo para un equipo que tiene carencias, pero al que no le falta sudor y que ha encontrado cierto gusto en sufrir. La buena noticia es que de ninguna forma este será el acto final de una selección que, todo se ha dicho, ha callado la boca más de una vez a críticos y escépticos.


Sorprende lo poco que se habla del partido ante Colombia, que de hecho es mucho más importante y, digamos, factible. Es el privilegio que se ha ganado Perú con el triunfo en Quito. Vencer a un rival probablemente ya clasificado y de categoría media, por qué no, equiparable en rendimiento, es la idea sobre la que se debe trabajar en esta última fecha doble. Perú juega de local, en su estadio favorito y con sus posibilidades intactas más allá de lo que ocurra en Buenos Aires. Algo más: tendrá a varias de sus figuras descansadas (Cueva, Hurtado, Carrillo y Ramos) y podría beneficiarse de los resultados previos.


No se trata, por supuesto, de regalar el partido contra Argentina: primero, porque una selección con aspiraciones mundialistas no arroja puntos al tacho; segundo, porque una selección con aspiraciones mundialistas encuentra en retos mayores la oportunidad de mostrar su temple y ambición; tercero, porque una selección con aspiraciones mundialistas lo que busca siempre es dar el golpe. Pero así como todo esto es cierto, también lo es que los objetivos se logran con estrategia y no con anhelos. Y más allá del calor y la ilusión que flambean los buenos deseos, el ‘wishful thinking’ es un pobre aliado organizacional.


Gareca sabe que esta historia acaba en Lima. Felizmente.

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