Por Marco Quilca León

El debate no es nuevo, pero vuelve con fuerza. La posibilidad de que la selección peruana deje Lima y traslade parte de su localía a ciudades de altura como Cusco o Juliaca ha pasado de ser una idea recurrente a una alternativa respaldada desde la dirigencia. Agustín Lozano y Jean Ferrari han abierto la puerta en los últimos días. Y como cada vez que esto ocurre, el país futbolero se divide entre la ilusión de incomodar a los rivales y el temor de no poder sostenerlo.

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