Por Marco Quilca León

Hay historias que no necesitan un regreso para seguir vivas. Una de ellas es la que une a Mano Menezes y Paolo Guerrero, un vínculo que nació en los pasillos del Corinthians y que hoy, más de una década después, vuelve a aparecer en la agenda emocional de la selección peruana. No significa una posible convocatoria -Paolo se retiró de la Bicolor-, sino para tender puentes en un momento en el que el fútbol peruano necesita más diálogos que silencios.

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