FirmasHay historias que no necesitan un regreso para seguir vivas. Una de ellas es la que une a Mano Menezes y Paolo Guerrero, un vínculo que nació en los pasillos del Corinthians y que hoy, más de una década después, vuelve a aparecer en la agenda emocional de la selección peruana. No significa una posible convocatoria -Paolo se retiró de la Bicolor-, sino para tender puentes en un momento en el que el fútbol peruano necesita más diálogos que silencios.
Hay historias que no necesitan un regreso para seguir vivas. Una de ellas es la que une a Mano Menezes y Paolo Guerrero, un vínculo que nació en los pasillos del Corinthians y que hoy, más de una década después, vuelve a aparecer en la agenda emocional de la selección peruana. No significa una posible convocatoria -Paolo se retiró de la Bicolor-, sino para tender puentes en un momento en el que el fútbol peruano necesita más diálogos que silencios.
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Desde fines de enero, Mano Menezes asumió el mando de la selección peruana con la mirada puesta en el Mundial 2030 y la responsabilidad de cerrar una de las campañas más grises de los últimos años. En ese aterrizaje, cargado de urgencias y expectativas, un nombre destacó incluso antes de la primera lista de convocados: el de Paolo Guerrero. Este Diario pudo conocer que la relación entre ambos es cercana y fluida, una de esas conexiones que sobreviven al paso del tiempo y a los diferentes destinos profesionales.
En su presentación, Menezes dejó claro que nadie tiene las puertas cerradas de la selección. Su frase sonó diplomática, pero también reveladora: “Estamos llegando ahora. Todos los jugadores tienen las puertas abiertas de la selección, todos”, afirmó. Y añadió un matiz que puso a Paolo y Christian Cueva en el centro del análisis: “No es lo correcto llegar y establecer vetos para personas que vimos llegar y que conocemos personalmente. Todos están con las puertas abiertas”.
No se trataba de un guiño para un retorno -ni Paolo ni Cueva están hoy en condiciones competitivas para volver-, sino de respeto. El delantero dejó la selección el año pasado, a los 41 años, como un gesto consciente de ceder espacio al recambio. Cueva, hoy en Juan Pablo II, no encuentra aún su mejor forma. Pero ambos representan etapas que Menezes conoce bien y que, en su discurso, no desea borrar.
Consultado por este Diario, Guerrero devolvió el reconocimiento con la misma elegancia que lo acompañó en sus casi dos décadas de Blanquirroja. “Lo conozco muy bien, trabajé en Corinthians con él y ha llegado en un buen momento a la selección”, dijo. “Esperemos que pueda ayudar a los jóvenes a que hagan su mejor fútbol… el peruano necesita creérsela. Le deseo toda la suerte del mundo para que le vaya muy bien”.
El excapitán también respondió a un partido de despedida, un homenaje para él, el máximo goleador histórico de la selección. “Sí me encantaría porque amo a mi Perú y a mi selección. Si se presenta la oportunidad, bienvenido sea. Y si no, igual seré un hincha más que va a apoyar a su selección a muerte”.

En Paolo hay una mezcla de gratitud y madurez. No pide nada. No espera nada. Pero tampoco se desvincula emocionalmente del equipo que lo definió como futbolista y como símbolo de todo un país.
La necesidad de tener de cerca a Paolo
Para Menezes, la figura de Guerrero puede ser más útil desde otro lugar. No como delantero, sino como interlocutor privilegiado: alguien capaz de explicar dinámicas internas, sensibilidades del vestuario, características del jugador peruano. Una brújula emocional. Una memoria futbolística viviente.
En un momento en el que el técnico brasileño necesita comprender la identidad del futbolista local, su relación con Paolo puede convertirse en un recurso más importante que cualquier convocatoria.
La relación entre Menezes y Guerrero no reabrirá un ciclo deportivo, pero sí puede marcar un tono: el del respeto a la historia mientras se edifica el futuro. En un proceso rumbo al 2030, donde el recambio será inevitable, recordar a quienes sostuvieron a la selección durante casi veinte años no es un gesto nostálgico, sino una manera de no perder el rumbo.
Paolo ya no está en la cancha. Menezes recién empieza su camino. Pero entre ambos hay un puente invisible que todavía sostiene algo fundamental: la memoria de lo que fue la selección y la posibilidad de lo que quiere volver a ser.
AnálisisInterpretación de las noticias basada en evidencia, incluyendo data y proyecciones posibles en base a eventos pasados.







