Por Marco Quilca León

Mano Menezes no vuelve al Perú para instalarse en una oficina de Videna. Lo hace para caminar, recorrer canchas, estadios y todo lo que sea necesario para saber en qué estado se encuentra el fútbol peruano. Su presentación oficial de fines de enero fue solo la parte ceremonial de un encargo mucho más grande: reconstruir a un equipo roto en lo anímico, inestable en lo futbolístico y sin brújula competitiva.

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