Test de ProustCada vez que llegan elogios sobre su desempeño, es un lugar común recordar que Erick Noriega se ganaba la vida subiendo y bajando cajas de un camión, y cachueleando como profesor de vóley hace solo tres años. Los clubes no mostraban mayor interés por él. La dimensión de su desaliento hizo que pensara en colgar los botines y dedicarse a otra cosa.
Cada vez que llegan elogios sobre su desempeño, es un lugar común recordar que Erick Noriega se ganaba la vida subiendo y bajando cajas de un camión, y cachueleando como profesor de vóley hace solo tres años. Los clubes no mostraban mayor interés por él. La dimensión de su desaliento hizo que pensara en colgar los botines y dedicarse a otra cosa.
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De los pocos jugadores que han logrado salir al exterior en los últimos años, Noriega es el mejor. Y por lejos. No juega en una liga de segundo o tercer orden ni en una categoría de aspirantes. Tampoco calienta banca como otros jóvenes de mayor exposición en la prensa y las redes sociales. En la volante de Gremio es titular indiscutido. Y las críticas positivas sobre su rendimiento son una constante.
Pero además de estandarte y motivo de orgullo, el ex zaguero aliancista es un símbolo de las dificultades que tienen los jóvenes para hacerse un lugar en nuestra primera división. La frase “los futbolistas peruanos tardan en madurar” no responde a un diagnóstico de índole físico o cognitivo, sino a la falta de oportunidades para encontrar un espacio que les permita mostrar sus aptitudes mientras van limando sus asperezas.
“El que es bueno siempre va a jugar” es otra frase manida que tampoco tiene su correlato en la realidad. El sistema futbolístico peruano está organizado de tal manera que al grueso de los clubes no les interesa invertir en menores y vuelcan su preferencia en futbolistas del exterior. El aumento del cupo de extranjeros a siete y que hace unos días un cuadro de primera división presentara un equipo con 10 jugadores no nacidos en el Perú (entre foráneos y nacionalizados) confirma la mirada corta y distorsionada de quienes manejan las riendas del balompié nacional.
Un reciente estudio del Centro Internacional de Estudios del Deporte (CIES) indica que la Liga 1 está en la cola en Sudamérica en el porcentaje de minutos jugados por futbolistas Sub 21 (apenas 3,1%). Si hubiera una investigación sobre desinterés dirigencial, que no les quepa la menor duda que sería uno de los pocos ránkings donde estaríamos en la cima. Y con gran ventaja.

En la lista de convocados para el partido ante Senegal, Noriega va a estar en el primer lugar. Seguramente lo acompañarán César Inga y Álex Valera, otros dos portentos que se hicieron un sitio sostenidos en su pura terquedad, sin pasar por las divisiones menores de algún club.
¿Cuántos Noriega se habrán perdido en el camino? ¿Cuántos chicos talentosos habrán salido del sistema, cansados de recibir negativas o maltratos por parte de directivos miopes, para quienes las palabras desarrollo y futuro se encuentran borradas de sus diccionarios particulares?
Así juega Perú. Por eso estamos como estamos.
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OpiniónBasada en la interpretación y juicio de hechos y datos hechos por el autor.







