Por Pedro Ortiz Bisso

Además de provocar la renuncia de Richard Nixon a la presidencia de los Estados Unidos y una revolución en el periodismo, el caso Watergate dejó como herencia una mala costumbre: el uso del sufijo ‘gate’ para bautizar cualquier escándalo que involucre a un gobierno. Ahí están el ‘Irangate’, que tantos dolores de cabeza le trajo a Ronald Reagan, o nuestro ‘vacunagate’, que fue cómo se bautizó a la revelación de una lista de funcionarios privilegiados que se vacunó en secreto durante la pandemia.

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