Por José Antonio Bragayrac

Qué es más difícil: apostar por la consolidación de un jugador de 21 años como Joao Grimaldo o rehabilitar a un futbolista de 31 venido a menos hace, por lo menos, dos temporadas. Qué decisión implica más riesgo frente a la premura por reconstruir una selección peruana a la que pensamos entre las mejores del mundo, cuando la realidad es que -como en nuestros años más difíciles y olvidables- estamos empezando a congraciarnos peligrosamente con el ‘casi’.