EleccionesNo fue solo una eliminación. Fue una confirmación. La selección peruana Sub 17 cerró el Sudamericano de abril pasado sin puntos, última en su grupo y con una sensación que se repite peligrosamente en los últimos años: la de competir desde la desventaja, sin herramientas ni proceso. La dolorosa participación en Paraguay no hizo más que ponerle cifras a un problema que ya no admite maquillaje.
No fue solo una eliminación. Fue una confirmación. La selección peruana Sub 17 cerró el Sudamericano de abril pasado sin puntos, última en su grupo y con una sensación que se repite peligrosamente en los últimos años: la de competir desde la desventaja, sin herramientas ni proceso. La dolorosa participación en Paraguay no hizo más que ponerle cifras a un problema que ya no admite maquillaje.
LEE: Lucho Horna en ‘Juego en Corto’ sobre tenistas peruanos: “Le pido a la gente que tenga paciencia, los procesos son largos”
El equipo dirigido por Renzo Revoredo llegó al torneo tras un año de preparación. Hubo tiempo, microciclos y giras. Pero en la cancha, Perú volvió a verse superado en ritmo, intensidad y fundamentos. El propio técnico hizo un mea culpa tras la eliminación, reconociendo errores y asumiendo responsabilidades. Sin embargo, lo ocurrido no puede reducirse a decisiones puntuales ni a un mal torneo.

“Al final el responsable soy yo, porque siento que no pude hacer que el equipo rinda a la hora de la hora, cuando valen los puntos”, hace mea culpa el técnico Revoredo, mientras que un enardecido presidente de la FPF, Agustín Lozano, culpó directamente a los clubes: “esto es una responsabilidad de todos los dirigentes de los 18 clubes profesionales”.
Esta Sub 17 no es un caso aislado, sino parte de una tendencia. En 2019, el equipo dirigido por Carlos Silvestri fue quinto en el hexagonal final y rozó la clasificación al Mundial. Desde entonces, todo ha sido retroceso: en 2023, Perú fue último de su grupo con un punto; y ahora, en 2026, ni siquiera pudo sumar. Tres procesos distintos, tres técnicos distintos, un mismo resultado: quedar fuera y cada vez más lejos.
La historia se repite también en la Sub 20. Eliminaciones en fase de grupos, últimos puestos y campañas sin triunfos. Desde 2019 hasta hoy, ninguna selección juvenil peruana ha clasificado a un Mundial. Ocho años de sequía que contrastan con el impulso que alguna vez tuvo el fútbol formativo.
Así nos fue en torneos juveniles después de Rusia 2018
| Sub 17 | Posición final | Técnico | Futbolistas que hoy son convocados |
|---|---|---|---|
| Sudamericano 2019 | Quinto Hexagonal final | Carlos Silvestri | Diego Enriquez |
| Sudamericano 2023 | Último Grupo B 1 punto 4 partidos | Pablo Zegarra | - |
| Sudamericano 2025 | Último Grupo A 0 puntos 4 partidos | Renzo Revoredo | - |
| Sub 20 | Posición final | Técnico | Futbolistas que hoy son convocados |
|---|---|---|---|
| Sudamericano 2019 | Último Grupo B 3 puntos 4 partidos | Daniel Ahmed | Marcos López, Jairo Concha |
| Sudamericano 2023 | Último Grupo A 0 puntos 4 partidos | Jaime Serna | Juan Pablo Goicochea, Kenji Cabrera |
| Sudamericano 2025 | Último Grupo A 0 puntos 4 partidos | Chemo del Solar | Maxloren Castro |
Una mirada desde adentro
Ese contraste lo explica bien Daniel Ahmed, quien lideró uno de los últimos procesos sólidos en menores y luego fue jefe de la Unidad Técnica de la Federación. Para él, el quiebre es claro: hubo un periodo en el que se apostó por procesos largos, licencias exigentes y desarrollo en regiones, pero todo eso se desmanteló en los últimos años.
Ahmed recuerda que durante los años en que trabajó en la federación -en etapas que abarcaron gestiones como las de Manuel Burga y Edwin Oviedo- se impulsaron procesos largos, se fortalecieron las licencias de clubes y se desarrolló el fútbol en regiones. Había exigencias claras: si los clubes no cumplían con sus categorías menores, eran sancionados. La formación no era opcional. Hoy, según su versión, todo eso desapareció.
“Se acabó la inversión, se acabaron las licencias, se acabó todo”, ha señalado con crudeza. La frase no es retórica: describe un modelo que dejó de priorizar el desarrollo juvenil. En su lugar, se instaló una lógica donde los clubes, en muchos casos, funcionan como academias pagas. Es decir, el acceso a la formación depende del bolsillo y no del talento. “Claro, hay excepciones como Universitario, Alianza Lima, Sporting Cristal, son cuatro o cinco que algo sostiene el sistema y de ahí salen las elecciones juveniles, pero no alcanzan”, añade.
“En Argentina tienes 30 equipos de primera, 20 equipos de segunda y 20 equipos de tercera. Imagínate, tienes 70 equipos que tienen cuarta, quinta, sexta, séptima, octava, novena. ¿Cómo haces para competir con 70 clubes que forman jugadores contra cuatro en Perú? No hay forma, no hay forma. Entonces después los que dan la cara son los jugadores, son los entrenadores que van con los jugadores, pero no, no. Este es un tema de educación y desarrollo, no hay ningún secreto, ningún misterio”, sentencia.

Ese diagnóstico estructural encuentra eco en otra voz del sistema formativo: Ernesto Arakaki, quien estuvo al frente del área entre 2020 y 2022. Su mirada no solo coincide con la de Daniel Ahmed en el retroceso del modelo, sino que pone el foco en un problema aún más básico: la realidad material del fútbol peruano.
Para Arakaki, muchas de las soluciones que se proponen desde fuera parten de un error de origen: desconocer las condiciones en las que se trabaja en el país. “Una problemática muy importante y básica es la infraestructura”, advierte. En la práctica, esto se traduce en escenas cotidianas donde 60 o 70 jóvenes comparten una sola cancha de fútbol once, limitando cualquier intento serio de desarrollo técnico o físico.
El contraste con países como Argentina, España o Uruguay resulta evidente. “Quieres replicar modelos de esos países y no encaja con nuestra realidad”, explica. La consecuencia es directa: no solo se entrena peor, sino que tampoco se puede trabajar adecuadamente el desarrollo físico, una de las brechas más visibles cuando las selecciones juveniles peruanas compiten a nivel internacional.
Más allá de lo estructural, Arakaki también cuestiona la falta de una estrategia sostenida en el tiempo. A su juicio, el fútbol peruano juvenil ha navegado sin una idea clara de juego ni un perfil definido de futbolista. “Un día quieres competir de una forma, otro día de otra”, resume. La inconsistencia se refleja en decisiones cambiantes: priorizar jugadores físicos en un proceso, técnicos en otro, apostar por un estilo defensivo y luego virar hacia uno ofensivo sin transición.

Al igual que Ahmed, Arakaki evita señalar a un único responsable, pero sí identifica factores que condicionan el desarrollo del fútbol formativo. “Creo que es por desconocimiento”, apunta sobre el rol de los clubes y dirigentes. A ello se suma un elemento recurrente en la gestión deportiva local: la injerencia política.
“La política también juega, el populismo y la demagogia también juegan en el fútbol”, sostiene. Bajo esa lógica, los proyectos tienden a modificarse o interrumpirse según las coyunturas, sin respetar procesos ni evaluaciones técnicas. El resultado es un sistema que empieza constantemente desde cero.
Un informe que describe la crisis
El diagnóstico se agrava cuando se observa la Liga 1. Según el último informe del CIES Football Observatory, el torneo peruano es uno de los que menos minutos otorga a futbolistas Sub 21 en toda América: apenas el 3.1%. Es decir, los jóvenes no solo se forman poco, sino que tampoco juegan.
La paradoja es evidente. Mientras la selección juvenil fracasa por falta de competencia, los clubes -especialmente los más grandes- reducen los espacios para que esos jugadores crezcan. En la temporada 2026, incluso el vigente tricampeón, Universitario de Deportes, no ha utilizado futbolistas Sub 21 en las primeras nueve fechas. En Alianza Lima, la participación juvenil ha sido mínima.

Las reglas tampoco ayudan. La eliminación de la bolsa de minutos y la ampliación del cupo de extranjeros -ahora hasta siete en cancha- han estrechado aún más las oportunidades. Como advierten voces del medio local, el juvenil peruano compite hoy en condiciones desiguales incluso dentro de su propio equipo.
El resultado es un circuito perverso: sin minutos en clubes, los jugadores llegan menos preparados a las selecciones; y sin buenos resultados en selecciones, se refuerza la idea de que no están listos para competir. Un círculo vicioso que termina por condenar a cada nueva generación.
*****
AnálisisInterpretación de las noticias basada en evidencia, incluyendo data y proyecciones posibles en base a eventos pasados.















