Por José Antonio Bragayrac

Entre pizarras llenas de apellidos que aspiran a ser el próximo Lapadula o el siguiente Farfán, Manuel Barreto ha convertido la oficina de la Unidad Técnica de Menores (UTM) en su trinchera: desde ahí empuja, con una convicción inquebrantable, la reinvención del fútbol de menores, la base de la selección peruana. Eso sí, su revolución aún no alcanza para el respaldo de los clubes ni del reglamento; nada contra la corriente, mientras los resultados –ese termómetro implacable– empiezan a exigirle respuestas.

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