Por Jean Pierre Maraví Coppa

En Lancashire, donde los inviernos parecen no acabarse y el fútbol se vive como una religión de pueblo chico, Oliver Sonne encontró su lugar. Burnley no es Londres ni Manchester, es un club que respira tradición obrera y que todavía conserva el perfume de los equipos que se formaban más en la fábrica que en las academias. Allí, en Gawthorpe Hall, el centro de entrenamiento que combina historia y modernidad, el lateral peruano-danés entrena cada mañana con una disciplina que ya no sorprende a nadie dentro del plantel.

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