Por José Antonio Bragayrac

¡Somos cojudos!, grita Paolo directo a la cámara con una ira descomunal y ante la sorpresa del reportero, el camarógrafo y los millones de televidentes. Curiosamente, aunque solo el Depredador se atreve a decirlo, todos piensan lo mismo. Con 41 años y sabiéndose jubilado de cualquier oportunidad mundialista luego de la derrota de 1-0 en Venezuela, Guerrero se olvida de las declaraciones acartonadas y define, con en sus mejores tiempos, a la yugular. ¡Somos cojudos!, no nos pueden poner terna chilena, ¡no me jodan!... declara con ferocidad de metralleta y enseguida se sale de la toma. Ibáñez, que pareció ser el salvador de lo insalvable, atónito por la escena, transformará con el paso de los minutos su impotencia en resignación.