Perú venció 3-1 a Bolivia de la mano de Paolo Guerrero. (Crédito: Fernando Sangama, GEC).
Perú venció 3-1 a Bolivia de la mano de Paolo Guerrero. (Crédito: Fernando Sangama, GEC).
Por José Antonio Bragayrac

La abundancia de su melena rizada evoca a una ferocidad juvenil que ya no le pertenece. La pericia para ubicarse en la geografía de la cancha y la depurada técnica para liquidar o asistir, sin embargo, abogan por una vigencia que, con 41 años, se la está ganando a pulso como hacen los ídolos: en la cancha. Paolo Guerrero, el mismo al que jubilamos en las olvidables eras de Reynoso y Fossati, nos recuerda hoy que sigue siendo lo mejor entre lo poco que nos queda. Que su gol (golazo) ante Bolivia no solo resucita a un Perú que hasta el jueves a media tarde era colero en las Eliminatorias, sino que también nos devuelve la capacidad de sonreír que habíamos perdido merecidamente.

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