Por Raúl Castillo

Hace seis años, Juan había perdido la fe en sí mismo y estaba a punto de dejar el fútbol. Sin oportunidades de poder mostrarse en Ferro, el club en el que estuvo desde inferiores, Juan Yangali buscaba un plan B para su vida: faltaba a entrenamientos y analizaba otro rumbo fuera del campo de juego. La profesionalización había quedado de lado. “Ya no quería jugar más”, dice al otro lado del teléfono, cuando se recuerda así mismo antes de la pandemia. Sin embargo, cuando prácticamente ya no quedaban fuerzas, apareció quien ahora es su representante, Pablo, para convencerlo y darle una oportunidad de oro. “Me consiguió una prueba en San Telmo y pude retomar, ahí arrancó todo de vuelta, el sueño de debutar en Primera y las ganas. Fue un proceso largo, pero lindo”, confiesa el ahora futbolista de Gimnasia y Esgrima de La Plata.

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