Por Marco Quilca León

Cuando recibió el llamado de Agustín Lozano para tomar el cargo de técnico de la selección peruana, Óscar Ibáñez no lo pensó un solo segundo, pese a que la Bicolor era -es- un fierro caliente que nadie quería agarrar. Incluso, según contó en su primera conferencia de prensa, cuando un amigo cercano le preguntó si era consciente de lo que estaba haciendo, el exportero y mundialista como miembro del cuerpo técnico de Ricardo Gareca le respondió que “difícil era tomar dos micros y un tren todos los días para ir a entrenar sin saber que iba a ser profesional”.

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